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22 Abril 2020

¿Cómo cambiará la pandemia el escenario internacional?

¿Cómo cambiará la pandemia el escenario internacional?
Alberto Rojas M.
Boletín Observatorio Internacional
No. 47 / Marzo-abril 2020 
Facultad de Humanidades y Comunicaciones
Universidad Finis Terrae
 

 

En medio de la pandemia del coronavirus, muchas interrogantes acerca de su comportamiento y duración siguen sin respuesta. Sobre todo, considerando que a pesar de los esfuerzos de diferentes equipos de investigación, el desarrollo de una vacuna efectiva aún tomará entre 12 y 18 meses.

Sin embargo, la única certeza es que el mundo post pandemia no será igual al que conocimos antes del inicio de esta crisis planetaria. Ya hemos visto –y vivido- la manera en que el trabajo, el estudio, la economía y las relaciones interpersonales se han trasladado al mundo online, acelerando en cuestión de semanas procesos que antes habrían tomado años.

Una realidad, en todo caso, a la que –a pesar de las herramientas digitales existentes- no toda la humanidad se ha podido sumar. Y que ya está generando una creciente brecha socio-económica y tecnológica entre diferentes Estados-nación, así como dentro de la población de muchos países.

Incluso, no son pocos los que ya hablan de esta crisis como “la pandemia de la desglobalización”.

En ese contexto, las decisiones que en este momento están tomando los diferentes actores internacionales tendrán consecuencias que serán la base de un orden mundial post pandemia diferente al actual.

 

El aislacionismo de EE.UU.

 

En muchos aspectos, lo que ha hecho la crisis generada por la aparición del Covid-19, es acelerar y profundizar procesos ya en desarrollo. Y que serán difíciles de revertir.

Un ejemplo de eso es el progresivo aislacionismo de Estados Unidos, que se vio profundizado con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, en 2016. Y que quedó en evidencia cuando Washington prohibió la llegada de vuelos comerciales provenientes de países europeos a Estados Unidos, así como el zarpe de cruceros desde EE.UU. y el cierre de la frontera con México.

En el caso de la prohibición de los vuelos, la decisión tomó por sorpresa a la Unión Europea (UE), que manifestó su molestia al afirmar que la decisión de la Casa Blanca se había concretado sin el conocimiento ni la consulta a Bruselas. Una muestra más de la desconfianza que Trump siente hacia el multilateralismo y la cooperación con los aliados históricos de EE.UU.

Asimismo, Trump ha enfocado toda su gestión y recursos “puertas adentro”, renunciando a tomar el liderazgo internacional en el combate al coronavirus, lo que una vez más deja el espacio libre a otros actores internacionales.

No obstante, la decisión de Trump de apelar a la ley de Producción de Defensa -que data de los años de la Guerra de Corea- para obligar a General Motors a iniciar la fabricación de respiradores o prohibir que la compañía 3M continuara exportando mascarillas N95 y guantes quirúrgicos a clientes en el extranjero (entre ellos, Canadá y varios países de Latinoamérica), no garantiza que Estados Unidos salga victorioso frente al coronavirus.

Los miles de infectados y fallecidos –sobre todo en Nueva York- son una realidad que se incrementará en las próximas semanas. Y esto, junto con los millones de desempleados que ha dejado la crisis, serán dos factores que cobrarán relevancia el próximo 3 de noviembre, cuando sea la elección presidencial. De hecho, Trump arriesga su reelección, ya que si la ciudadanía considera que su gestión durante la pandemia fue ineficiente, un voto de castigo podría acabar dándole la presidencia al demócrata Joe Biden.

 

La debilidad europea

 

reino unido direccion

 

Mientras tanto, al otro lado del Atlántico, el Covid-19 ha golpeado a la Unión Europea en su peor momento. Porque después de tres años y medio de desgastadoras negociaciones entre Londres y Bruselas, la salida del Reino Unido se ha convertido en la mayor amenaza que ha enfrentado el proyecto comunitario en su historia.

El Brexit dejó instalado el fantasma de que otros países pudieran seguir el ejemplo del Reino Unido, fortaleciendo –de paso- a los sectores más ultranacionalistas y críticos de la UE. Y ahora, el coronavirus ha puesto a prueba tanto a los 27 países que hoy la integran como a las instituciones más importantes de la UE.

España e Italia, que se convirtieron en los primeros focos de la pandemia en suelo europeo, plantearon la idea de que el costo del combate al Covid-19 se prorrateara entre todos los miembros de la Unión Europea –los llamados “coronabonos”-, ante lo cual países como Alemania y Holanda se manifestaron en contra.

De una u otra manera, esta crisis ha reflotado la antigua tensión norte-sur dentro de la UE, que en el pasado –durante la crisis del euro, en 2010- quedó de manifiesto cuando economías como la alemana, la francesa y la británica se resistieron a la idea de “salvar” a socios del Mediterráneo, como Grecia, Portugal, España e Italia.

La UE del 2020 no es la de hace una década, pero igual el nivel de deuda externa de muchos de los países que la integran hoy es alto, lo que sumado a la desaparición de empleos y los altísimos gastos para combatir la pandemia por parte de los gobiernos, dejará la economía comunitaria en condiciones muy precarias.

Además, la actual crisis evidenció la dificultad de la UE para operar como un todo, porque las decisiones emanadas de Bruselas tuvieron un peso menor que las adoptadas por los gobiernos de cada país, fortaleciendo el individualismo nacional y debilitando a Bruselas.

El desempleo, la parálisis de la economía y la lenta recuperación de sectores clave, como el turismo, pueden acabar fortaleciendo las posiciones anti europeístas, debilitando al Espacio Schengen e incluso a toda la Zona Euro.

De hecho, es muy probable que en el mundo post pandemia –y no solo en la Unión Europea- veamos el endurecimiento de las políticas migratorias y el aumento de los controles fronterizos como una manera de evitar la llegada de contagiados o de frenar la expansión de eventuales mutaciones de este mismo virus.

 

China y su nueva influencia

 

robots china eeuu

 

China, por su parte, a pesar de haber sido el país en el que se inició la propagación de la pandemia a fines de 2019 (en la provincia de Hubei), es probable que sea de los actores internacionales que logre salir mejor parado de esta tragedia. Porque a pesar de que el gobierno del presidente Xi Jinping fue cuestionado por su transparencia en la entrega de información, el supuesto intento de encubrir la gravedad del brote en Wuhan y la cooperación oportuna con otros gobiernos, hoy su posición es diferente.

China logró reducir el número de contagiados y fallecidos, a pesar de que la comunidad de inteligencia de EE.UU. asegura que Beijing ha manipulado las cifras. Y en este momento, a diferencia de Washington, se ha transformado en la potencia que está enviando insumos médicos a países como Italia y Venezuela, así como profesionales de la salud dispuestos a compartir su experiencia en el combate al coronavirus.

Esto pone a Beijing nuevamente en ruta de colisión con Washington por el liderazgo global. Porque además de ser la segunda economía más importante del planeta, China aprovechará esta crisis para reforzar su posición en zonas como África, América Latina y el Sudeste Asiático a través de la asesoría médica, la entrega de préstamos a los países más afectados, y la masificación de su tecnología 5G y de Beidou, su sistema de posicionamiento global.

Esto consolidará aún su influencia regional en el Asia-Pacífico –de donde hace años busca desplazar a EE.UU.- y su proyecto de la Nueva Ruta de la Seda.

Mientras tanto, Vladimir Putin, que aún tiene en mente concretar los cambios constitucionales que le permitan extender su gobierno más allá de 2024, aprovechará que Estados Unidos se encuentra enfrentando simultáneamente la crisis del coronavirus y una compleja carrera presidencial para fortalecer su esfera de influencia en Europa del Este y aumentar su influencia sobre una debilitada Unión Europea, por ejemplo, a través de sus exportaciones de gas.

¿Esto podría generar un nuevo tipo de acercamiento entre Beijing y Moscú? Es muy probable. Sobre todo, si garantiza nuevas formas de rivalizar con el débil liderazgo de Washington. Después de todo, Estados Unidos construyó su condición de potencia global en tiempos de crisis, como lo fue la Segunda Guerra Mundial y la posterior reconstrucción de Europa a través del Plan Marshall. Pero ahora, ante la pandemia del Covid-19, la ausencia de EE.UU. del escenario mundial ha sido significativa.

 

¿Y el resto del mundo?

 

mapa expansion coronavirus

 

La pandemia ha golpeado y seguirá golpeando a los países de diferente manera. Es probable que el África Subsahariana, una región que históricamente ha enfrentado problemas de acceso al agua, ineficaces políticas de salubridad y graves deficiencias de conectividad, entre en el mundo post pandemia convertida en una zona que habrá experimentado la muerte de miles de habitantes.

Con gobiernos ineficaces, altos índices de pobreza y escenarios de hambruna, la posibilidad de golpes de Estado, guerras civiles, un aumento del terrorismo y masivos éxodos migratorios es alta. Y eso determinará una recuperación lenta y compleja de esta amplia región de África.

América Latina podría estar mejor preparada, sobre todo tras “tomar nota” de lo ocurrido en Estados Unidos y muchos países europeos. Sin embargo, esta también es una región en donde los países –producto de la caída en la demanda por materias primas- no cuentan con abundantes recursos. Y donde las cuarentenas han implicado la paralización del comercio y los principales sectores productivos, lo que tendrá (de una u otra manera) un fuerte impacto en el ámbito económico, desde el PIB hasta los niveles de desempleo.

Un escenario al que, lamentablemente, se suman polémicos liderazgos políticos como los de Andrés Manuel López Obrador, en México; de Daniel Ortega, en Nicaragua; y de Jair Bolsonaro, en Brasil.

Asimismo, es muy probable que Naciones Unidas –que al igual que EE.UU., ha ido perdiendo influencia a nivel mundial– sea objeto de profundos cuestionamientos, principalmente por el desempeño de la Organización Mundial de la Salud durante la pandemia.

De esta forma, el frágil estado del multilateralismo -y de la globalización misma- tendrá efectos colaterales que irán desde la falta de interés por resolver conflictos como los de Siria o Yemen; el debilitamiento del respeto y la defensa de los derechos humanos; e incluso un posible retroceso en la lucha contra el cambio climático, el que perderá relevancia frente a necesidades más urgentes de los países, como la reactivación de los sectores productivos y la generación de empleos, sin importar sus niveles de polución.

En otras palabras, es altamente probable que el mundo que emerja de esta pandemia dé un giro en la arquitectura de su sistema político internacional, lo que generará un amplio espectro de desafíos que solo se podrán enfrentar recuperando el sentido de cooperación y compromiso a escala global.

 

 

Alberto Rojas Moscoso
Director del Observatorio de Asuntos Internacionales
Facultad de Comunicaciones y Humanidades Universidad Finis Terrae.
Periodista, Universidad Diego Portales.
Magíster en Ciencia Política, mención Relaciones Internacionales, Pontificia
Universidad Católica.