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19 Noviembre 2019

¿Por qué la comunicación política se ha polarizado en América Latina?

¿Por qué la comunicación política se ha polarizado en América Latina?
Paul Venturino D.
Boletín Observatorio Internacional
No. 44 / Noviembre 2019 
Facultad de Humanidades y Comunicaciones
Universidad Finis Terrae
 
 

“Estamos en una guerra contra los delincuentes” o “la derecha prepara con ayuda internacional un golpe de Estado”, son frases de presidentes latinoamericanos que hemos visto profusamente en la prensa en las últimas semanas. Si bien las condiciones de las protestas en Venezuela, Chile, Ecuador o Bolivia son diferentes, hay dos hechos que son comunes a todas ellas: una progresiva polarización política producto de instituciones que se muestran incapaces o poco eficaces para controlar los conflictos sociales y políticos, así como un cambio radical en el lenguaje, que se convierte en una herramienta de ataque y no de debate.

Como muchos de los hechos políticos, para realizar un análisis adecuado, es importante destacar entre las condiciones desencadenantes de las crisis y aquellas causas de fondo. Si bien los medios suelen centrarse en lo inmediato -las condiciones desencadenantes de los conflictos- como fraude, ataques a opositores o medidas de fuerza, la polarización se explica por la falta de evolución de los sistemas políticos de varios países y su incapacidad para hacer frente a fenómenos que se llevan desarrollando más de una década.

De estos fenómenos, el de mayor influencia social y comunicacional es el de “Los Indignados”, que surge en 2011. Si bien tuvo muchas expresiones y diferentes niveles de movilización según los países, si permeó las sociedades con sentimientos de indignación y postergación que se extendieron más allá de los sectores vulnerables hacia la clase media emergente.

Es importante destacar que desde comienzos del siglo XXI hasta 2014, los países latinoamericanos gozaron de crecimientos importantes que permitieron que sus clases medias prosperaran. Ello trajo nuevas demandas asociadas a que los gobiernos no solo se preocuparan del crecimiento, sino de la redistribución del ingreso y de los derechos sociales.

Protestas en Brasil

Si bien no se puede negar que el crecimiento de las personas fue un proceso positivo, en general los gobiernos y las elites política, empresarial y cultural fallaron en consolidar modelos de desarrollo que gozaran de un consenso básico de que lo que se estaba haciendo, era bueno para todos y no solo para algunos grupos.

Este sentimiento de postergación -que muchas veces la elite entendió como ingratitud o falta de reconocimiento de lo bueno que se ha logrado- se expandió en las sociedades latinoamericanas, generando cuestionamientos a temas como la redistribución, el combate a la corrupción o la escasa disposición de las elites a defender lo propio de cada país contra la globalización.

 

El surgimiento del lenguaje violento

 

Frente a este fenómeno regional (que en varios casos ha generado protestas sociales y cambios de signo en los gobiernos), al igual que en el mundo, la respuesta desde la política fue desplazarse desde el centro (típico de los procesos de redemocratización desde los ‘90), hacia posiciones más extremas.

Es interesante, en todo caso, que este proceso de polarización habitualmente ha sido iniciado por partidos o movimientos pequeños que logran capitalizar el descontento social tanto en la izquierda como en la derecha y, a través de eso, generan un cambio en la conversación sistémica, haciendo que los partidos políticos mayores y centristas comiencen a utilizar sus conceptos.

La política, en este sentido, sufre con la inmediatez de lo digital y de las satisfacciones rápidas, y de partidos que buscan la empatía rápida con los grupos y que no son capaces de frenar la retórica polarizada, uniéndose finalmente a ellos con la excusa de que deben hablar a sus bases y no perder fuerza.

Así, el lenguaje violento se convierte nuevamente en un arma política efectiva que, en combinación con fake news, algoritmos y polémicas mediáticas, da una mayor presencia a la polarización que al centrismo.

En este escenario es interesante la mirada de Manuel Castells, quien plantea que el discurso político se ha orientado desde hace un tiempo a la destrucción de la reputación del contrario. Esto significa que el ataque -especialmente en la lógica digital actual- tiende a ser más beneficioso que el consenso en términos de posicionamiento político.

A pesar de que la polarización finalmente implica mayores costos para el sistema, sí es útil para las colectividades que tienen capacidad de movilización. La polarización genera compromiso y es una salida del descontento y de la frustración.

 

La polarización como instrumento político

 

Considerando los hechos planteados, la polarización del lenguaje -y ciertamente de las actitudes- genera efectos claros: candidatos polarizadores logran el poder, como Bolsonaro, Fernándezo Trump. Y partidos pequeños pero polarizadores logran cobertura medial y progresivo apoyo que los lleva a ser objeto de deseo de partidos mayoritarios.

Protestas en Argentina

Así, la polarización como lenguaje es una herramienta útil porque permite diluir el centro y posicionar conceptos discursivos propios de tribus y de facciones: “la verdad está de nuestro lado y todo el resto está equivocado. Antes que cambiar de opinión, prefiero cambiar de amigos”.

Pero también es útil porque -unida al sentimiento de postergación y desconfianza- motiva a personas y grupos a actuar y marcar presencia, ante el sentimiento de que el otro no solo está equivocado, sino que desea quitarme lo que por derecho es mío. La simplificación conceptual actúa de esta forma como una gran aliada al momento de definir el conflicto y los lados en disputa.

El resultado de esto es la profundización de la crisis de las instituciones tradicionales, que son incapaces de conducir el conflicto social y las demandas y, por eso, comienzan a perder apoyo entre quienes ya se indignaron hace varios años. La pérdida de confianza social crece y el enfrentamiento se convierte en un medio de intercambio válido para resolver conflictos y construir modelos diferentes de sociedades que dejan la convergencia.

 
Paul Venturino D.
Periodista Universidad Católica de Chile.
Magíster en Ciencia Política, mención Instituciones y procesos políticos, Pontificia Universidad Católica de Chile.
Magíster en comunicación audiovisual y publicidad, Universidad Autónoma de Barcelona, España.
Profesor de pre y posgrado Escuela de Periodismo Universidad Finis Terrae.
Profesor magister de Comunicación Estratégica, Facultad de Comunicaciones, Universidad Católica de Chile.
Socio y director ejecutivo de Strategika
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