Logo Facultad Humaniodades y Comunicaciones
Logo Facultad Humaniodades y Comunicaciones

19 Noviembre 2019

Bolivia después de Evo Morales

Bolivia después de Evo Morales
Luis Lira C.
Boletín Observatorio Internacional
No. 44 / Noviembre 2019 
Facultad de Humanidades y Comunicaciones
Universidad Finis Terrae
 
 

Bolivia está dividida. Con varios muertos en casi veinte días de protestas por los resultados de las últimas elecciones presidenciales, la forma en que terminan los casi 14 años de gobierno de Evo Morales estaba en los cálculos de pocos. Si bien el año ha sido agitado para Bolivia y gran parte de América Latina por distintos movimientos de descontento social, político y contra la corrupción, el llamado del Ejército boliviano a Morales para dejar el poder en beneficio de bajar la tensión en el país, acabó con un proceso que no comenzó en las urnas, si no tres años antes, en 2016.

En ese entonces, Evo Morales perdió el referéndum ciudadano para postular a un cuarto período presidencial. La Constitución (su Constitución), creada en 2009, no le permitía presentarse nuevamente -ya había usado un período extra, argumentando que su primer gobierno fue antes de la nueva Carta Magna- y acusó al estrecho margen de derrota a una intervención extranjera, lo que provocó fuertes protestas. Finalmente, el Tribunal Constitucional avaló que Morales podía presentarse a elecciones, pero la fractura con la ciudadanía ya estaba instalada.

En lo que quedaba de período, Morales se encargó de explotar el “caballo de batalla” más importante que le quedaba para unir al pueblo boliviano: la demanda marítima contra Chile en La Haya. Es que la mediterraneidad de Bolivia ha sido la explicación transversal que gran parte de sus mandatarios ha dado para explicar el subdesarrollo del país, y la argumentación de Evo apuntaba a que Chile tenía la obligación de negociar una salida física al mar. Pero a fines de 2018, la Corte falló diciendo que no existían obligaciones de Chile para hacerlo, lo que fue una gran derrota para Evo, quien viajó exclusivamente a la lectura del fallo.

Sin embargo, el proceso de La Haya tuvo otro hecho importante que marcó el comienzo del fin de la “era de Evo”: el indulto que Morales dio al ex presidente Carlos Mesa, en ese entonces miembro del equipo boliviano en La Haya y que estaba siendo investigado por corrupción. Con este beneficio, Mesa pudo cumplir su anhelo de presentarse a las elecciones presidenciales de 2019, siendo un fuerte crítico de la gestión de Morales.

En el conteo final de votos, en que la oposición acusó de fraude, se declaró ganador inmediato a Evo Morales, sin necesidad de segunda vuelta. Esto provocó fuertes protestas, lo que motivó a un informe de la OEA que recomendaba repetir la votación.

La efervescencia en las calles de las ciudades más importantes del país y la cantidad de fallecidos llevaron al Ejército a pedir la renuncia del presidente para recuperar la paz. Y desde la ciudad de El Alto, Evo se despidió del pueblo boliviano, para días después partir rumbo a México -donde recibió asilo político- junto a su compañero de fórmula, el vicepresidente Álvaro García Linera y la ministra de Salud, Gabriela Montaño.

De esta forma acabaron los años de Evo Morales en el poder. Quizás con los números más exitosos de los presidentes bolivianos en su historia republicana, Morales logró reducir el porcentaje de pobres y librarse del yugo del Fondo Monetario Internacional y otras instituciones económicas internacionales, quienes cambiaron los llamados de atención por elogios a su gestión.

Por otra parte, refundó el país priorizando al pueblo indígena, lo que al largo plazo polarizó a sus 10 millones de habitantes y le trajo conflictos con los estados del oriente del país, como Santa Cruz y Tarija. Al momento de su renuncia, su partido, el Movimiento al Socialismo (MAS) era sinónimo de indígena y esta división se hizo evidente hasta en La Paz, la sede de Gobierno. Por eso, su abandono del poder se realizó en la vecina ciudad de El Alto, bastión indígena de Morales.

En tanto que el ex presidente ya se encuentra en México, en el país continúan las revueltas que han dejado doce muertos y más de 500 heridos, mientras el mando lo asumió Jeanine Áñez.

 

De vuelta a Palacio Quemado

 

Con los votos de una tercera parte del Parlamento, ya que el MAS se restó de las negociaciones, la senadora Jeanine Áñez asumió temporalmente la presidencia en Bolivia. Básicamente, porque tras la renuncia de Morales, fueron dimitiendo el resto de las autoridades señaladas en la Constitución para asumir el cargo, recayendo hasta quien en ese momento era la segunda vicepresidenta del Senado. Integrante del Movimiento Demócrata Social, opositor a Morales, Áñez fue investida por el Jefe del Ejército, Williams Kaliman, mientras el Tribunal Constitucional avalaba su nombramiento.

Presidenta Anez

Con el compromiso de llamar próximamente a elecciones, Jeanine Áñez ya impuso su sello. Como presidenta, regresó al Palacio Quemado, sede que Evo abandonó en 2018 al levantar la llamada Casa Grande del Pueblo, una torre de 27 pisos que albergaba en su cumbre la residencia presidencial.

También realizó su juramento presidencial sobre la Biblia, ausente desde la llegada de Morales al poder, en 2006. Un tema que no pasó inadvertido, considerando que los símbolos cristianos se habían apartado desde que la Constitución de 2009 declarara al Estado Plurinacional de Bolivia como laico.

Otro gesto político de Jeanine Áñez fue colocar la Flor de Patujú entre los emblemas en el Palacio Quemado, junto con la bandera tricolor boliviana y la Wiphala indígena.

La Flor de Patujú es característica de la región oriental del país, lo que es un guiño a departamentos como Santa Cruz, Tarija y la región del Chaco. Esto también tiene su huella en el recién nombrado gabinete, cuyos primeros once ministros nombrados provienen de su partido, el Movimiento Demócrata Social, ahora en el gobierno, y en donde no hay representantes indígenas.

También rompió con la tradición de que el canciller fuera un representante indígena, porque para dicho cargo nombro a la académica Karen Longaric, quien fue crítica de cómo Bolivia enfrentó la demanda marítima en La Haya. Y quien además se encargó de comunicar la decisión del nuevo gobierno boliviano de abandonar el ALBA y Unasur, en lo que representa un duro golpe al movimiento bolivariano impulsado por Venezuela.

En lo que respecta a restablecer el orden en el país, Áñez anunció su disposición a una mesa de diálogo con el MAS. Como señaló el ministro de Presidencia, Jerjes Soriano, “si quieren una ley que les garantice que no habrá persecución política, perfecto”, así como conceder salvoconducto a sus integrantes.

Palacio.Quemado

En todo caso, lo que ha dejado en claro la nueva administración es que Evo Morales puede volver a Bolivia, pero no participar de las próximas elecciones, que no tienen fecha definida. La presidenta en ejercicio está trabajando en esta medida, junto con la derogación de la sentencia del Tribunal Constitucional que permitió a Morales y García Linera competir en las elecciones.

“Decirle al MAS que tienen todo el derecho a participar en las elecciones y que vayan buscando candidato. Evo y Álvaro no están habilitados para un cuarto mandato”, declaró la presidenta. Por su parte, Carlos Mesa fue invitado a participar del gabinete, pero declinó la oferta para volver a postular por el cargo en Palacio Quemado.

Por su parte, el líder de la coalición Comunidad Ciudadana, más que hablar de Golpe de Estado, prefiere hablar de un fraude electoral que casi llevó a la victoria a Morales.

 

Evo sigue presente

 

Quien no ha guardado silencio desde su llegada a México ha sido el mismo Evo Morales. Denunciando un golpe de Estado en su contra, con su discurso habitual teme que el conflicto termine en una guerra civil. “Hago un llamado a mi pueblo, del campo o de la ciudad; pobres, humildes o pudientes que ostentan el poder económico, a que no podemos estar enfrentados peleando. Quiero que dejen esta confrontación”.

Morales también declaró estar arrepentido de “haber equipado a las Fuerzas Armadas de Bolivia”. Según él, cuando llegó al poder en 2006 solo tenían “un helicóptero”, y que ahora usan su armamento “contra el pueblo”.

Los días de violencia en Bolivia han tenido eco en el mundo. La alta comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, señaló que Bolivia “es un país dividido” por el conflicto político y que “en una situación como esta, las acciones represivas de parte de las autoridades simplemente avivarán más esta ira, y pueden poner en peligro cualquier camino de diálogo posible”.

En tanto Rusia, aliado estratégico de Bolivia -y de todo el alicaído espectro chavista-, reconoció a Jeanine Áñez como la presidenta del país.

Mientras la tensión no baje, será difícil restablecer el orden en Bolivia. Sin embargo, hay un desafío mayor de cara a las próximas elecciones presidenciales: la Constitución de 2009, hecha a la medida de Evo. Quien finalmente llegue al Palacio Quemado, tendrá el duro desafío de trabajar con esa Carta Magna. Esto se dificulta si quien gobierne proviene de los “ninguno” o de la clase media boliviana, de habla castellana y que no se identifica con el indigenismo de Evo Morales.

En tanto, Evo Morales termina su mandato asilado en México. En todo caso, no sería descabellado verlo a futuro regresar como el “salvador” de la política de su país, estrategia que ha abundado en nuestro continente. Mientras tanto, no podrá presentarse a elecciones y lo más grave de todo, es que deja a Bolivia fragmentada en una crisis política y social; el mismo problema que él buscó mejorar durante su gestión.

 

 

Luis Lira Camposano
Periodista, Universidad Finis Terrae.
Magíster en Estudios Internacionales, Universidad de Chile.
Actualmente se desempeña como Secretario Académico de la carrera de Periodismo de la Universidad Finis Terrae.
Es profesor de diferentes ramos de Historia y Actualidad en la carrera de Periodismo, además del curso “Europa en el siglo XXI”.
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.