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22 Mayo 2019

Cristina Fernández sale al paso de las aspiraciones de Mauricio Macri

Cristina Fernández sale al paso de las aspiraciones de Mauricio Macri
Gonzalo Vega S.
Boletín Observatorio Internacional
No. 38. Mayo 2019 
Facultad de Humanidades y Comunicaciones
Universidad Finis Terrae
 
Una verdadera “jugada maestra” es la que acaba de concretar el “kirchnerismo”, en Argentina. Es que cuando todos daban por hecho la candidatura presidencial de Cristina Fernández -también conocida como la “Señora K”-, ella anunció que el abanderado será su ex jefe de gabinete, Alberto Fernández, y que ella solo postulará a la vicepresidencia. 
 
Una maniobra que parece inspirada en la dupla rusa de Putin-Medvedev, en la que varían los cargos que ocupan, pero no la fuente de poder. Y eso se explica, en gran medida, porque el “kirchnerismo” (algunos también hablan de “cristinismo”) es consciente del flanco judicial que tiene abierto y de cómo este puede afectar su imagen. Después de todo, el pasado 21 de mayo, Cristina debió sentarse ante un tribunal para hacer frente a acusaciones de corrupción, una imagen que podría reiterarse en las próximas semanas.
Por ello, para aminorar daños, Cristina se la juega por mantener –probablemente solo en el papel- un segundo plano, dándole el protagonismo a Alberto Fernández, quien incluso ha sido un crítico de los casos de corrupción del kirchnerismo. Una estrategia destinada a blanquear a Cristina. 
 
En este escenario, ¿le convendría al oficialismo “judicializar” la campaña? No está tan claro. El problema de la corrupción ya no es una de las preocupaciones más importantes para los argentinos, porque ha sido desplazado por la crisis. 
 
Pero hay otro obstáculo para el “cristinismo”: representa a una facción de la sociedad muy estridente e incluso agresiva, lo que genera rechazo de una importante parte de la ciudadanía. 
 
Para aspirar a ganar, apuntan los analistas, debe ampliar el núcleo al cual va dirigido su discurso. Una mayor moderación respecto a las políticas aplicadas cuando estuvo en el gobierno podría ser una buena alternativa, aunque correría el riesgo de desilusionar a sus votantes “duros”.
 
El periodista argentino Ernesto Tenembau describió muy bien en El País (España) el dilema que enfrenta hoy esa nación: “Kirchner le entregó a Macri un país peor que el que recibió. Macri empeoró las cosas. En el primer dato, radica la fortaleza del presidente. En el segundo, la de su antecesora. En el medio, un país muy herido”.
 
Maniobras electorales
 
 “¿Creen que me hace feliz contar esta realidad? (…) Para mí no es fácil. Quiero que sepan que estos fueron los peores cinco meses de mi vida desde mi secuestro”. En septiembre del año pasado, el presidente Mauricio Macri reflotó el trauma de su secuestro -en agosto de 1991, por un grupo de delincuentes que le exigieron un importante rescate a su padre y lo mantuvieron cautivo por 12 días- para graficar lo difícil que le estaba siendo enfrentar la “emergencia” económica por la que pasaba (y sigue pasando) Argentina.  
 
 
Ahora, ocho meses después, para el mandatario argentino será más difícil encontrar una experiencia personal que le permita compararla con la situación que está viviendo el país trasandino.
 
Macri asumió en 2015 con la promesa de recuperar la alicaída economía argentina y restaurar la confianza en sus manipulados indicadores. Y para ello, echó mano a lo que se llamó el “gradualismo”, una política que buscaba sanear las finanzas, pero evitando las turbulencias que en el pasado provocaron políticas de shock. Para esto, Macri se apoyó en un fuerte crédito para tapar el déficit fiscal. Pero los críticos de esa estrategia no demoraron en aparecer: “es como si una persona que tiene 40 kilos de sobrepeso, se contentara con bajar apenas cinco por año”, señalaban entonces algunos columnistas.
 
Pero en un principio, los resultados parecían darle la razón a Macri y Argentina parecía volver a insertarse en el circuito internacional, tratando de dejar en el olvido la mancha que significó la decisión de peronismo, en 2001, de no pagar la deuda externa. Sin embargo, el escenario se fue oscureciendo. 
 
La reducción de los subsidios a los servicios públicos, que era parte del plan de recorte de Macri, elevó las tarifas de estos servicios y, con ello, la inflación, afectando el poder adquisitivo de los argentinos. Además, el Banco Central subió las tasas de interés para contener los precios, encareciendo el financiamiento para negocios y personas. Todo esto aumentó la desconfianza de los mercados en el plan económico del gobierno, iniciando una fuga de capitales.
 
Hoy, con el “gradualismo” ya dado por muerto, la situación es crítica: el peso ha perdido valor, la inflación va en alza -superior al 50% anual-, la pobreza ha aumentado a un 32% y el “fantasma” que generan el posible regreso de Cristina Fernández a la Casa Rosada, asustaron aún más a los inversionistas.
 
Entre las consecuencias políticas de la crisis, una de las más relevantes es el golpe a la popularidad de Macri, al punto de poner en cuestionamiento sus posibilidades de lograr la reelección en las presidenciales de octubre próximo, la que meses atrás se daba por descontada ante el fuerte rechazo que genera el “kirchnerismo”. 
Es que pese a que el año pasado el mandatario logró que el Fondo Monetario Internacional (FMI) le otorgara una línea de crédito US$ 56.300 millones de dólares, la desconfianza persiste. El organismo acaba de señalar que Argentina está “en el camino correcto”, pero sus intereses no siempre van de la mano con lo que pide la ciudadanía, por lo que estas palabras no tendrán efecto en la popularidad del actual presidente.
 
Además, Macri invitó a los líderes de la oposición, del empresariado, de los sindicatos y la Iglesia a llegar a un acuerdo con 10 puntos “imprescindibles” para “despejar dudas” sobre el país ante la crisis de desconfianza, proponiendo, entre otros aspectos, “lograr y mantener el equilibrio fiscal” y sostener un “Banco Central independiente”. Una maniobra con una clara intencionalidad política detrás de esta oferta, y que buscaba que los candidatos se vean obligados a adoptar posiciones frente a la ciudadanía.
 
¿Y qué puede hacer Macri? Es fuerte la tentación de explotar el temor que genera el eventual regreso del kirchnerismo a la presidencia, bajo el rostro de Alberto Fernández, pero dirigido en la sombra por la “Señora K”. Sin embargo, esto provoca que muchos inversores consideren abandonar el país, dificultando la recuperación de Argentina y, por tanto, restándole más posibilidades a Macri de ganar las elecciones. 
 
Cuando en noviembre aparecieron encuestas que daban cuenta de que en una eventual segunda vuelta, en noviembre, Cristina Fernández le ganaría a Macri por nueve puntos, la desconfianza golpeó fuertemente a la economía. Y ahora, las primeras cifras que surgen tras la sorpresiva maniobra de la “Señora K” de cederle la candidatura presidencial a su ex jefe de gabinete, mantienen esta diferencia en favor del kirchnerismo, pero son números muy preliminares y habrá que esperar que maduren. 
 
Pero Macri y los Fernández no están solos en esta disputa. La irrupción del ex ministro Roberto Lavagna ha puesto más condimento a la campaña. Y aunque no ha anunciado su postulación, su eventual candidatura podría restarle votos al kirchnerismo. Si bien sus posibilidades hoy son menores, Lavagna cuenta con un valor agregado por sobre el resto: un plan económico, el principal Talón de Aquiles de la ex presidenta y de Macri.
¿Qué se puede esperar? Quien llegue a la presidencia, tendrá que renegociar los términos del acuerdo con el FMI para abordar los cuantiosos pagos que Argentina debe hacer en el futuro próximo, y hacer frente a los vencimientos de deuda con acreedores privados por unos 20.000 millones de dólares en los próximos dos años. 
 
En fin, los recuerdos que dejaron los gobiernos de Cristina Fernández (2007 a 2015) -controles de precios, del tipo de cambio, restricciones al comercio exterior y discursos combativos, entre otros- provocan rechazo en grandes sectores de la sociedad, y que los mercados se inclinen por Macri, o incluso por Roberto Lavagna o Sergio Massa, pero no por la “Señora K” y compañía. A pesar de eso, el criticado manejo económico mostrado por la actual administración deja abiertos los comicios. 
 
Para Macri, su futuro está entre la Casa Rosada, la política o el mundo privado. Para Cristina, su panorama se muestra tan esperanzador como desolador:  termina en la Casa Rosada o, por qué no, en la cárcel. A menos que Alberto Fernández llegue a la Casa Rosada y la indulte. ¿Será esa la razón de haberlo seleccionado como “el elegido”?
 
Gonzalo Vega Sfrasani
Periodista, Universidad Finis Terrae.
Subeditor de Opinión e Internet de El Mercurio.
Profesor de Chile Contemporáneo: Instituciones Políticas, en la carrera de Periodismo de la Universidad Finis Terrae.
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