Logo Facultad Humaniodades y Comunicaciones
Logo Facultad Humaniodades y Comunicaciones

22 Mayo 2019

EE.UU y los talibanes: en busca de una paz duradera en Afganistán

EE.UU y los talibanes: en busca de una paz duradera en Afganistán
María Ignacia Matus M.
Boletín Observatorio Internacional
No. 38. Mayo 2019 
Facultad de Humanidades y Comunicaciones
Universidad Finis Terrae

Tras los atentados a las Torres Gemelas en New York, aquel 11 septiembre de 2001, en el que el mundo fue testigo de uno de los atentados terroristas más impactantes que se hayan visto hasta la fecha, Afganistán se convirtió en el principal blanco para Estados Unidos. 

Con el propósito de encontrar a los responsables, en especial al entonces líder de Al Qaeda, Osama Bin Laden, el 7 de octubre de 2001 Washington dio inició a la “Operación Libertad Duradera”, la mayor operación contra el terrorismo que había realizado, y que no contaba con la autorización del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, al invocar el Artículo 51 de la Carta en “legítima defensa”. 
Posteriormente, y sin haber cumplido su objetivo, en diciembre de ese mismo año, se estructuró la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad de Afganistán (ISAF), esta vez con la participación del Consejo de Seguridad y otros países aliados. Esta tenía como fin ayudar al gobierno afgano a restablecer la seguridad y lograr extender su dominio en el territorio, tras el derrocamiento de los talibanes (que habían llegado al poder en 1996). 
En los años posteriores, los talibanes no abandonaron los deseos de volver a recuperar el control del territorio, logrando tener presencia en amplias zonas y causando miles de muertos a través de atentados y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad afganas y tropas aliadas.   
A partir de entonces, comenzaron diversos intentos para dar estabilidad al país y frenar la violencia. En la actualidad, y tras 18 años de presencia de tropas extranjeras, Afganistán enfrenta lo que -a la fecha- se vislumbra como una de las más auspicias negociaciones tendiente al logro de la paz, esta vez de la mano de los talibanes y Estados Unidos. 
El 9 de mayo, concluyó la última ronda de negociación, iniciadas en 2018 en Qatar. El representante especial de Estados Unidos para las negociaciones de paz en Afganistán, Zalmay Khalilzad, señaló que se habían logrado “progresos regulares pero lentos sobre partes del acuerdo marco para poner fin a la guerra afgana (…) Nos adentramos en el ‘meollo’ de la cuestión. El demonio está en los detalles (…) No obstante, el ritmo actual de las negociaciones no es suficiente (…) Necesitamos más progresos y más rápidos”. 
En tanto, el portavoz político de los talibanes en Doha,  Suhail Shaheen,  indicó que “en general, esta ronda fue positiva y constructiva. Ambas partes se escucharon mutuamente con atención y paciencia y hubo progresos”. 
Dentro de los elementos abordados, se encuentra -como punto de inflexión- la retirada de las fuerzas estadounidenses. Washington exige que previo a establecer un cronograma de retirada, los talibanes proporcionen garantías de seguridad en materia de lucha contra el terrorismo, acuerden un alto al fuego y un diálogo interafgano. 
Cabe mencionar que la etnia preponderante es la pashtún, junto con las minorías tayica, hazara y uzbeka, las cuales por años llevan enfrentándose. A lo anterior se suma la negativa de los talibanes a entablar negociaciones con el actual presidente afgano, Ashraf Ghani.   
“Nuestra propuesta para que todas las partes reduzcan la violencia sigue estando sobre la mesa”, aseguró Zalmay Khalilzad. Mientras que los insurgentes insisten en que no quieren avanzar hasta que EE.UU no anuncie oficialmente su calendario de retirada. 
Por su parte, Ghani realizó la semana pasada una gran reunión de notables afganos en Kabul, en la cual ofreció a los talibanes un alto el fuego para el inicio del Ramadán, lo que fue rechazado por los insurgentes.
 
Resultados de años de conflicto 
 
Tras casi dos décadas, este conflicto ha sido comparado con el fracaso sufrido por EE.UU. en Vietnam. Asumiendo que se estaba ante una amenaza a la seguridad nacional, esta vez ya no por el comunismo sino por el terrorismo, los estadounidenses se incorporaron a una lucha con un enemigo desconocido, ante el cual cada vez fue demostrando menor efectividad y a su vez, incrementándose el rechazo de la opinión pública ante el involucramiento en una guerra que no les correspondía. 
 
 
Lo anterior, teniendo en consideración que desde 2001, más de 2.400 soldados estadounidenses han muerto en Afganistán. Recientemente, en una videoconferencia con la Universidad John Hopkins, el presidente afgano reveló que desde 2015, cerca de 28.000 miembros de las fuerzas armadas del país han muerto en combate. 
Un informe emitido por la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Afganistán (UNAMA), el pasado 24 de abril, indicó que en los primeros tres meses de 2019 fuerzas internacionales y progubernamentales fueron responsables de la muerte de 305 civiles, mientras que los grupos insurgentes de 227. 
En tanto, el 2018 fue el año más mortífero hasta la fecha, ya que se produjeron 3.804 muertos y 7.189 heridos civiles afganos, constituyendo el registro más alto desde 2009, fecha en la que se empezó contabilizar. 
Sin embargo, y en medio de las negociaciones en Doha, la violencia no dio tregua. Los talibanes se adjudicaron el atentado contra la sede de una ONG financiada por EE.UU, que dejó nueve muertos, y días más tarde, un ataque a un puesto de policía que dejó 13 muertos y 55 heridos. Esto se suma, además, a los diversos atentados que han sido perpetrados por la rama local del autodenominado Estado Islámico (EI). 
 
Próximas elecciones
 
Estas negociaciones encuentran al país en un nuevo proceso eleccionario. La Comisión Electoral Independiente (IEC) recientemente confirmó que estas se realizarán el 28 de septiembre, tras dos intentos fallidos, ya que estaban previstas para abril y luego julio. 
El retraso se ha debido al sistema de identificación biométrica que se encuentra en implementación, con el propósito de evitar fraudes, después de las denuncias de irregularidades que se recibieron en octubre de 2018, para las elecciones parlamentarias. 
El actual presidente afgano, Ashraf Ghani, es uno de los diez candidatos que buscan llegar a la presidencia. Cabe mencionar que en 2014, al no haber un ganador consensuado y después de tres meses de espera de los resultados de la segunda vuelta, tanto Ghani como Abdullah Abdullah, decidieron formar un gobierno de unidad, en el cual EE.UU. participó de la negociación, comprometiéndose a mantener sus fuerzas militares. 
Hoy, Ghani enfrenta una nueva elección en medio de esta inédita negociación, siendo un mero observador de cómo EE.UU. y los talibanes intentan poner fin a este complejo conflicto, así como a la presencia de las tropas extranjeras. Una solución que implicaría que los talibanes tengan una representación en un gobierno interino.    
Por su parte, EE.UU. intenta negociar con aquellos insurgentes que en 2001 había derrocado, pero que tras 18 años en el país centroasiático y con cerca de 14.000 militares, muestra el fracaso de aquella intervención dentro de la denominada “guerra contra el terrorismo”.    
 
María Ignacia Matus M.
Periodista, Universidad de los Andes.
Magíster en Ciencia Política, Pontificia Universidad Católica.
Actualmente se desempeña en el Centro de Estudios e Investigaciones Militares
(CESIM) y es profesora de Mundo Contemporáneo en la Escuela de Periodismo de la
Universidad Finis Terrae.
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.