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22 Abril 2020

El crudo choque de intereses en un mundo petrolizado

El crudo choque de intereses en un mundo petrolizado
Eduardo Olivares C.
Boletín Observatorio Internacional
No. 47 / Marzo-abril 2020
Facultad de Humanidades y Comunicaciones
Universidad Finis Terrae
 

Los mercados globales está conectados desde hace siglos por el comercio de los recursos naturales. Las especias fueron el impensado motivo de los descubrimientos transatlánticos, y el oro y la plata la base de la era del mercantilismo. A partir de la Revolución Industrial fueron otros los productos que se alzaron como indispensables para las cadenas productivas, como el carbón y el algodón.

Desde el siglo XX, es otro el protagonista: el petróleo. Y en el siglo XXI, su dominio ha continuado.

Es cierto que ha tenido que adaptarse tanto a las crisis globales, como la Gran Recesión de 2008, como a las nuevas tecnologías verdes y la presión ambiental de sociedades más exigentes en el resguardo del medio ambiente. Pero henos aquí, hablando de este hidrocarburo. Y hay que hacerlo, incluso, en pleno 2020, en medio de la crisis planetaria por el Covid-19.

Pero sí, ahí estaban en marzo. A un lado, los sauditas. Al otro, los rusos. Entre medio, un Estados Unidos tomado por sorpresa, otros socios de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) impotentes, y cientos de países consumidores de crudo expectantes.

Pero aquí la historia se definía entre Riad y Moscú. ¿Cómo así? Primero hay que hacer un rodeo.

 

La OPEP y la OPEP +

 

El asunto rezaba de este modo: los precios del petróleo han venido disminuyendo en forma progresiva durante la última década debido a diversos motivos, entre ellos que existen productores importantes que simplemente antes no jugaban en este mercado. Entre ellos, Rusia. En su territorio existen vastas reservas de petróleo y gas natural, tal como sucede con los integrantes de la OPEP en el Golfo Pérsico, el Golfo de Guinea o Venezuela.

La diferencia es que Rusia no pertenece a ese cartel. Tampoco Estados Unidos, China, Canadá, ni Brasil, por nombrar algunos de los otros grandes explotadores de esos hidrocarburos. Como se muestra en la Tabla 1, de los 10 mayores productores globales de crudo, solo la mitad está reunida en el cartel de la OPEP.

tabla opep 

Según se desprende de la Tabla 1, en 2019 se produjeron más de 100 millones de barriles diarios. Arabia Saudita es el segundo mayor productor de petróleo del mundo, tras Estados Unidos. Y Riad es, en la práctica, el líder de la OPEP; un papel que ha jugado por décadas.

Dado que la OPEP es un grupo concertado de productores (protagonistas de la crisis económica global de 1973, por ejemplo), tiene el poder de regular los precios según sea la oferta de crudo que exporte al mundo. Es pura oferta y demanda: si aumentan el número de barriles que ponen en los mercados internacionales, el precio de ese barril tenderá a disminuir; si en cambio lo recortan, el valor del crudo aumentará.

A todos los países petroleros podría -en principio- interesarles un precio elevado, pues así recibirán más recursos. Esa bonanza de “petrodólares” la experimentó la Venezuela de Hugo Chávez, quien de ese modo no solo consiguió financiar gigantescos planes fiscales de asistencia a los hogares más pobres y nutrió de clientelismo la dinámica política en ese país, sino que además solventó iniciativas bolivarianas de influencia en la región.

Los gobiernos emiratí y saudita, por otra parte, han utilizado los billonarios recursos provenientes del petróleo para constituir fondos de inversión de alcance planetario.

barriles banderas petroleo

No obstante, si el precio del crudo termina siendo muy alto, puede perjudicar a los países que requieren ese combustible. Así, dañaría su economía y esos países podrían dejar de comprar crudo. Además, ahora existe más competencia de fuentes de energía menos convencionales que pueden resultar competitivos si acaso el precio del petróleo es demasiado elevado. Es ese el equilibrio que han debido sostener los miembros de la OPEP.

Ocurre que ya no basta con la OPEP. Dado que, por lo que vemos, hay otros actores de alta relevancia, a ese inestable conjunto se le ha denominado OPEP +. No es un grupo muy articulado: no tiene sedes ni encuentros periódicos ni reglas, como sí sucede con la OPEP.

 

Y aquí volvemos a Riad-Moscú

 

El 6 de enero de 2020, el valor Brent del barril de crudo cerrada con una cotización de US$ 68,9.

Como líder de la OPEP, Arabia Saudita le ofreció a Rusia un acuerdo que implicaría un recorte en la producción de petróleo, de modo de hacer subir los precios. Todo ello, por lo demás, ya en medio de la pandemia por el nuevo coronavirus, que ha provocado una merma colosal en la demanda por el combustible (con fábricas detenidas y empleos asfixiados, ¿quién podría necesitar tanto petróleo ahora?).

Pero el gobierno de Vladimir Putin no aceptó. Y entonces, el régimen del príncipe heredero Mohamed Bin Salman dobló la apuesta: los sauditas anunciaron un aumento de su propia producción, de modo de llevar los precios incluso más abajo y así, en teoría, castigar a sus competidores rusos. Desde Moscú hubo un solo mensaje: estaban en condiciones de resistir la guerra de precios.

El 1 de abril, el petróleo Brent cerró el día con un mínimo en dos décadas, bajo los US$ 25.

En el resto del mundo, contar con un crudo más barato solo puede tomarse a bien, considerando cómo se está incubando la peor crisis económica desde la Gran Depresión de 1929, según lo ha calificado Kristalina Georgieva, directora gerenta del Fondo Monetario Internacional (FMI).

 

El petróleo de esquisto

 

En medio de estas tensiones globales, un protagonista emergió de pronto: Estados Unidos. Por medio de mensajes en Twitter y de gestiones menos publicitadas, el presidente Donald Trump planteó que esperaba que tanto Putin como Bin Salman llegaran a un acuerdo.

El asunto es de particular interés para Estados Unidos. Hoy por hoy, se ha transformado en el mayor productor mundial de crudo, con 19,5 millones de barriles diarios en 2019, y un consumo de aproximadamente la misma cantidad. Sin embargo, la gran generación de hidrocarburos de Estados Unidos proviene de una técnica polémica y, sobre todo, más bien cara: el fracking.

barril dolares petroleo

Se trata de un mecanismo de extracción de petróleo subterráneo realizado por medio de fracturas hidráulicas; es decir, se dispara agua para provocar la ruptura de enormes rocas que, según los críticos, pueden provocar algunos sismos y movimientos inconvenientes de subsuelo.

La extracción de este petróleo, llamado de esquisto, representa el 63% de toda la producción petrolífera de Estados Unidos, indican los datos del gobierno de ese país.

 

El acuerdo ¿final?

 

Este domingo 12 de abril, los países de OPEP + tuvieron una fructífera conversación. Tras semanas de debates y reproches, acordaron reducir la producción de petróleo en casi 10%. Eso, mirado como se mire, es un recorte sustancial.

El recorte se efectuará en forma progresiva hasta abril de 2022, según el acuerdo alcanzado por los 23 países.

¿Serán estos productores capaces de respetar este pacto anunciado en medio de una crisis sanitaria global? Eso resulta difícil. Aún queda una recesión por delante en la mayoría de las economías del mundo, y es posible que muchas de ellas, dependientes del petróleo, tengan dificultades para comprar los mismos volúmenes que antes requerían.

 
 
Eduardo Olivares Concha.
Periodista, Pontificia Universidad Católica de Chile.
Magíster en Estudios Internacionales y del Pacífico, Universidad de California,
San Diego.
Doctor en Ciencia Política, Universidad de Manchester.
Profesor de Economía Chilena en la carrera de Periodismo de la Universidad
Finis Terrae.
Ha trabajado en el Diario Financiero, La Tercera y El Mercurio.
Actualmente es editor general de Pauta.
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