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10 Septiembre 2019

El profundo e irreversible impacto de la revolución tecnológica en el mercado del trabajo

El profundo e irreversible impacto de la revolución tecnológica en el mercado del trabajo
Ignacio Badal Z.
Boletín Observatorio Internacional
No. 42 / Septiembre 2019 
Facultad de Humanidades y Comunicaciones
Universidad Finis Terrae
 
 

Una vuelta, dos vueltas y nada. Ni un solo vendedor en el piso para comprar la camisa que eligió. Hasta que se da cuenta de que unos letreros le anuncian la nueva manera de comprar: todo lo hace usted. Elige la camisa, se la prueba, la empaqueta, la paga y se la lleva. Sin una sola intervención humana.

No es una realidad futura. En algunos centros comerciales de Santiago esto ya es lo habitual. Luego, quiere pasar a su sucursal bancaria de siempre y se encuentra con que la cerraron.

Más allá de la deshumanización que puede significar cortar con la interacción social en un proceso tan básico como el de una compra, la automatización se está tomando paulatina pero velozmente muchos de los espacios laborales. Y con su consecuencia a la vista: la banca, ante la asonada del uso de internet, ha reducido sus oficinas de 2.267 en enero de 2013 a 1.971 en junio de 2019.

Según un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), denominado “How’s Life in the Digital Age? Opportunities and Risks of the Digital Transformation for People’s Well-being”, el 53% de los puestos de trabajo podrían desaparecer en Chile a causa de la automatización de los procesos productivos.

Otro informe más optimista, del centro Latinoamericano de Políticas Económicas (Clapes-UC), llamado “Mercado laboral chileno para la Cuarta Revolución Industrial”, estima que Chile tiene una probabilidad promedio de automatización de 42,2%, con un 17% de los actuales empleos con alto riesgo de ser automatizados.

Ejemplos actuales ya hay muchos: sacar a un vendedor o a un cajero de su antigua labor para reemplazarlo por una máquina con código de barras o QR; instalar a un robot para que conteste los chats mediante los cuales usted pretende reclamar; o para asumir tareas pesadas o peligrosas en una industria que antes realizaban obreros.

El mismo informe profundiza: el 60% de esos empleos enfrenta un riesgo serio de perderse para siempre, debido al impacto de las nuevas tecnologías, y el 40% restante tiene altísimas posibilidades de no existir más. Y entre los 14 países miembros de la OCDE evaluados, Chile es el quinto de mayor riesgo.  

Periodico empleos

“No nos hemos dado cuenta de lo que viene. Es una realidad que no está golpeando la puerta de tu casa, (porque) ya entró a tu casa y estamos haciendo las cosas muy tarde”, reclama el presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), Alfonso Swett.

El líder de los grandes empresarios estima que las políticas públicas, actualmente en discusión en el país, no se están haciendo cargo del fenómeno, sino a lógicas que responden a un trabajo antiguo e inflexible.

Llama la atención, por ejemplo, que más del 40% de nuestra fuerza de trabajo no tiene cuarto medio, con lo que la educación y preparación para el futuro se convierte en una de las muchas trabas que enfrenta Chile a la hora de hacer cara a esta tendencia creciente.

No solo el retail

El retail o la banca son, quizás, los sectores donde esta tendencia se hace más evidente para el consumidor de a pie, pero hay áreas que van siendo conquistadas por la tecnologización de sus procesos y que puede representar una amenaza aún peor a la hora de hablar de empleabilidad.

Por ejemplo, la construcción, que emplea a más del 8% de las personas en edad de trabajar. En este sector, según el estudio de Clapes-UC, la probabilidad promedio de automatización es de 42,3%; más que en el comercio, que alcanza el 31,6%.

Y en el rubro de la edificación, ese proceso ya está en marcha. La empresa de construcción robótica Baumax, a la que entró como socia Inmobiliaria Manquehue, se está convirtiendo en una amenaza para el obrero de la construcción menos especializado. Mediante una gigantesca impresora 3D, construye a través de bloques prefabricados hasta cuatro viviendas de hormigón en un día. Si para esas cuatro casas se requerían 100 personas, con esta impresora, 70 se quedarían sin trabajo.

“Esta tecnología requiere del 30% de los trabajadores que se necesitan en un método tradicional. Si bien es un golpe en la reducción de trabajadores en el sector, si uno tiene una visión prolongada en el tiempo, se da cuenta de que la economía se vuelve más productiva”, comenta su gerente general, Pablo Kühlenthal.

Otro ejemplo es la agricultura, que tiene una probabilidad de 53,8% de ser automatizada.

Aunque el riego tecnificado opera hace décadas, la utilización de la inteligencia artificial (IA) y la Internet de las Cosas (IoT, por sus siglas en inglés) para distribuir un agua cada vez más escasa, es el paso actual.

“El uso de tecnologías aún es súper bajo y se ha concentrado prácticamente en riego automático por goteo y aspersores. Y si consideramos que todos los estudios señalan que el 70% de una buena cosecha tiene que ver con el riego, es clave dar seguridad a ese aspecto”, plantea Boris Martínez, gerente de negocios e innovación abierta de Telefónica I+D. Por eso, esta firma tiene a prueba en varios sembrados una aplicación móvil que utiliza sensores ubicados en distintos lugares de un campo que le envían información exacta sobre cuánto, cómo y dónde regar, e incorpora datos como los pronósticos meteorológicos.

Clase media en riesgo

Aunque originalmente la tecnología aplicada al trabajo se observaba más como un riesgo para los empleos intensivos en tareas rutinarias, hoy las investigaciones apuntan a que podrá reemplazar un espectro más amplio de trabajos, pues solo requiere ser definido en términos de reglas codificables, según explicaron los académicos de Oxford Carl Frey y Michael Osborne en su estudio “The future of employment: How susceptible are jobs to computerisation?”.

En simple, esto implica que no solo los estratos más bajos de la población están en riesgo. También los medios.

Según el informe de Clapes de este año, seis ocupaciones se llevan más del 50% del riesgo de automatización: los conductores de vehículos motorizados, que pueden ir desapareciendo con la llegada inminente de los vehículos autónomos; secretarios y operadores de máquinas de oficina; cajeros y taquilleros (el retail y los cines ya están trabajando sin ellos); encargados de registro de materiales y transporte; empleados de servicio de información a la clientela (reemplazados en muchas oficinas de atención por simples tótems); y operadores de maquinarias móviles (en la mina Gaby, de Codelco, ya circulan camiones mineros autónomos y en la planta de Coca Cola Andina ya trabajan grúas horquilla sin conductor).

Qué hacer

No es posible echarse a llorar ante este tsunami tecnológico. Toda acción debe tener una reacción inteligente. Para eso somos humanos. Y por eso las respuestas vienen justamente del conocimiento.

Según el “2019 World Development Report: The Changing Nature of Work” del Banco Mundial, la tecnología está cambiando las habilidades que los empleadores están buscando. Y ahora se quieren tres habilidades fundamentales.

Los trabajadores deben enfocarse en desarrollar capacidades cognitivas avanzadas, de manera de resolver problemas complejos. También, en mejorar su comportamiento social con el fin de incrementar el trabajo en equipo. Y una combinación de habilidades que son predictivas de la adaptabilidad, como la racionalidad y la confianza en sí mismo. Para ello, se debe pensar en tres características humanas básicas: perseverancia, colaboración y empatía.

Por eso, en Chile ha ocurrido que en la banca, por ejemplo, los empleos no se han reducido, sino al revés: pasaron de 56.075 a 58.991 trabajadores, pero las tareas han tenido que cambiar.

El retail está haciendo lo mismo: las cajeras ya no están, pero han sido capacitadas para desempeñar varias funciones, es decir, han pasado a ser multitarea.

Cajas automaticas

En esa línea deben ir, entonces, las respuestas ante el fenómeno automatizador. Por eso, se requiere con urgencia una acción decidida por parte de los liderazgos sociales y políticos de centrar el esfuerzo en la enseñanza, para que los futuros trabajadores se sientan preparados ante esta nueva realidad; y en la capacitación de los actuales, con una profunda reforma al marco actual “que responda a la exigencia de aprendizaje continuo que requieren los nuevos tiempos”, dice el economista de Clapes Juan Bravo. Y quien es preciso al plantear propuestas para Chile: una nueva arquitectura institucional centrada en un Marco Nacional de Cualificaciones, que permita integrar los requerimientos del sector productivo a la oferta formativa; modificar los cursos de capacitación, ajustando contenidos, duración y formatos; y cambios a la franquicia tributaria Sence para cursos que respondan al Marco de Cualificaciones y con un menor copago.

Y a nivel más político, el economista y ex senador Sergio Bitar planteó hace unos meses en Cepal un nuevo espacio de diálogo tripartito entre la empresa, el trabajo y el Estado que apunte a cambios institucionales y a un plan nacional de educación y capacitación, en un ambiente de gobernabilidad democrática que le dé sustento y perdurabilidad.

Pero Bitar también llamó la atención sobre algunas teclas críticas: alfabetización e integración digital, formación de profesores, desarrollo de capacidades de análisis de nivel superior y de habilidades emocionales.

“Las máquinas reemplazarán trabajos actuales, pero se crearán nuevos. La clave para hacer la transición es el capital humano. El énfasis se coloca en la formación en ciencia, tecnología e ingeniería y matemáticas (STEM), aunque este concepto varía entre países. También se ha incorporado la educación humanista y arte como esencial para preparar para el autoaprendizaje, la innovación y la adaptabilidad (STEAM)”, dice Bitar.

De esta manera, ir a comprar a la tienda sin cajero, en un vehículo sin conductor donde revisó su cuenta del banco y pudo hacer un reclamo a un robot, no será el problema, sino solo un cambio en nuestro modo de vida, pues incluso probablemente será usted quien lo programó.

 
Ignacio Badal Zeisler
Periodista Universidad Católica de Chile.
Magíster en Ciencia Política, mención Instituciones y procesos políticos, Pontificia Universidad Católica de Chile.
Profesor de pregrado, Escuela de Periodismo Universidad Finis Terrae.
Editor de Economía, diario La Segunda
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