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17 Agosto 2019

Hong Kong adelanta su futuro

Hong Kong adelanta su futuro
Eduardo Olivares C.
Boletín Observatorio Internacional
No. 41 / Agosto 2019 
Facultad de Humanidades y Comunicaciones
Universidad Finis Terrae
 
En todo momento, las sociedades hablan de su futuro. Siempre es algo que viene, pero pocas veces el futuro se entiende como algo alcanzado. Difícil resultaría, claro. Y en Hong Kong se habló mucho del futuro cuando en 1997 pasó formalmente desde las manos británicas de vuelta al regazo de China. Pero ese futuro que muchos avizoraron recién para 2047, se adelantó.

En 2014 hubo cientos de protestas. Numerosas y extendidas por 79 días, en la denominada Revolución de los Paraguas. Luego vino la pausa. No fue una pausa silenciosa, por lo que estamos viendo durante 2019, sino un paréntesis o una recarga. La explosión de protestas este año ha sido masiva y creciente. Sabemos cómo comenzó: con un proyecto de ley para permitir la extradición desde Hong Kong a la China continental. Los abogados, vestidos de traje, marcharon en contra. Luego fueron los estudiantes. Después empleados de distintas industrias, como la aeropuertaria. Ahora, incluso, se han sumado los funcionarios públicos. Ha habido hitos, como la irrupción en la sede del Consejo Legislativo de Hong Kong, y también represión con lo que parecen fuerzas paramilitares financiadas por Beijing.

No se trata, por supuesto, de la ley de extradición (hoy retirada de la discusión). Fue la chispa. Tampoco esto es acerca de la figura de Carrie Lam, la actual presidenta ejecutiva de esta Zona Administrativa Especial de China; ella no es más que la delegada de la jerarquía burocrática china. Se trata, dicen quienes protestan, de impedir que Beijing convierta a Hong Kong en aquello en lo que Beijing es especialista: el máximo control político del Partido Comunista de una enorme estructura productiva.

Por eso se habla de que es un movimiento prodemocrático. Por eso, en estos días de manifestaciones y violencia callejera, han resurgido los traumas de los 30 años de la matanza de la plaza de Tiananmen.

Policias de Hong Kong

El futuro

“Hong Kong le ha mostrado al mundo cómo el dinamismo y la estabilidad pueden ser características definitorias de una sociedad exitosa. Ellas han creado, en conjunto, una gran economía, que es la envidia del mundo”. Príncipe Carlos de Inglaterra, 1997.

En la noche del 30 de junio de 1997, en una ceremonia llena de luces y fanfarrias en el puerto y en un centro de convenciones, los líderes del Reino Unido y de la República Popular China señalaron las horas finales de la dependencia británica de Hong Kong. A la medianoche de ese día se acababan 156 años de administración colonial de un reducto que comprende la isla de Hong Kong, la Península de Kowloon y otros 952 km2 llamados Nuevos Territorios.

El origen de esa atadura se remonta a la primera de las Guerras del Opio, cuando en 1842 el choque de imperios por el comercio de estupefacientes noqueó la soberanía china sobre Hong Kong.

En 1997, los discursos de las autoridades circunnavegaron entre tres grandes ideas: que Hong Kong volvía a su tierra madre, que los británicos no lo habían hecho mal, y que el futuro estaba abierto para los habitantes de la región. Deng Xiaoping había ideado un mecanismo de convivencia armónica, que le diera a Hong Kong un sistema de mayores libertades, distinto del que el Partido Comunista había impuesto a la China continental. Así nació la Región Administrativa Especial de Hong Kong (habría otra después, para Macao, en 1999).

El discurso del príncipe Carlos, leído en representación de su madre, la reina Isabel de Inglaterra, enfatizó el carácter económico de esa promesa. En ese entonces, el futuro parecía definirse en forma especial por la línea del crecimiento del PIB y del comercio exterior. La economía hongkonesa ya era entonces -y continúa siéndolo- una de las más exitosas de Asia y del mundo, medida por los ingresos de sus habitantes. Hoy, de hecho, el PIB per cápita ronda los US$ 50 mil, con una expectativa de vida promedio de casi 85 años. Y suele liderar cuanto ranking existe sobre economías “más libres” del planeta. Pero había algo más.

Los valores democráticos

“Ahora que la administración británica concluye, creo que tenemos el derecho a decir que la contribución aquí, de nuestra nación, consistió en proporcionar el andamiaje que permitió a los habitantes de Hong Kong ascender. El Estado de Derecho. Un gobierno limpio y bien llevado. Los valores de una sociedad libre. Los inicios de un gobierno representativo y de una rendición de cuentas democrática. Esta es una ciudad china, una ciudad muy china, con características británicas”. Chris Patten, último gobernador británico en Hong Kong, 1997.

Hong Kong no era, para estar claros, una sociedad con plenos derechos democráticos en ese entonces. Había elección de ciertos representantes, pero la labor del gobernador consistía precisamente en determinar el curso de vida de los hongkoneses, según lo dispuesto por Londres.

Pero algo había. Por ejemplo, los ciudadanos de Hong Kong podían escoger listas parlamentarias cuyos integrantes cumplían labores clásicas de representación. Luego del traspaso a China, el sistema se mantuvo, pero solo hasta 2014, año a partir del cual Beijing tuvo el poder de veto sobre las listas que se proponían.

Desde el punto de vista político, Hong Kong conserva la tradición judicial anglosajona y aún preserva vastas libertades económicas, comerciales, culturales y de prensa. De hecho, así quedó establecido en el acuerdo sino-británico de 1984, que además incluyó disposiciones -posteriormente relativizadas- acerca de la libertad de las elecciones.

Senora con bandera britanica

En todo caso, así como en la elección del gobernador británico los hongkoneses poco podían intervenir, quien ahora preside la Zona Administrativa Especial es escogido por un comité integrado por 1.200 personas que representan, a su vez, determinados grupos de interés o sectores de la economía. Nadie representa a los ciudadanos comunes y corrientes, pues ellos no están convocados a votar.

Las relaciones internacionales y la defensa quedaron a cargo de Beijing en forma directa, que son las áreas que conforman la capa dura que mejor refleja el poder de cualquier Estado sobre su población.

El camino a un mismo destino

“La historia recordará al señor Deng Xiaoping por su creativo concepto de ‘un país, dos sistemas’. Es precisamente a lo largo del curso previsto por ese gran concepto, que hemos resuelto en forma exitosa la cuestión de Hong Kong, a través de negociaciones diplomáticas, y finalmente conseguido el retorno de Hong Kong a la madre patria”. Jiang Zemin, presidente de la República Popular China, 1997.

El estatuto comprometido por Deng y sus sucesores consistía en brindarle privilegios a una sociedad que por más de un siglo y medio se había manejado distante de su metrópolis natural. Y lo hizo alcanzando el desarrollo, ese estadio que China ansía y persigue con la lentitud de su tamaño paquidérmico.

El concepto de “un país, dos sistemas”, sin embargo, podría pronto colapsar. Los movimientos prodemocráticos en Hong Kong hacen esa denuncia: que Beijing no está cumpliendo con sus compromisos y está intentando cercar cada vez con más fuerza los espacios libres que van quedando en estos territorios.

La abortada ley de extradición era un ejemplo. También lo es la tecnología de reconocimiento facial que podría identificar quiénes han estado en las protestas y después podrían sufrir arrestos. O en general, las medidas de espionaje a la población: pero de eso se especula mucho y se sabe poco… debido, entre otras razones, a que la rendición de cuentas en un régimen no democrático es opaca casi por definición.

El presidente Xi Jinping podría enviar las tropas y sofocar de una buena vez las voces disidentes en Hong Kong. Es cierto que Hong Kong está a la par de Shanghai como uno de los cinco mercados bursátiles más grandes del mundo y que los empresarios están preocupados por la imagen de seguridad de su ciudad, pero curiosamente no es esa la principal razón que parece estar detrás de la cautela de Beijing. Los 30 años desde lo de Tiananmen pesan demasiado sobre la conciencia de la jerarquía del Partido Comunista Chino. De acuerdo con los conteos, ya más de un cuarto de su población ha salido a las calles. Y esa fuerza masiva es enorme, incluso para la dictadura comunista.

Eduardo Olivares Concha.
Periodista, Pontificia Universidad Católica de Chile.
Magíster en Estudios Internacionales y del Pacífico, Universidad de California,
San Diego.
Doctor en Ciencia Política, Universidad de Manchester.
Profesor de Economía Chilena en la carrera de Periodismo de la Universidad
Finis Terrae.
Ha trabajado en el Diario Financiero, La Tercera y El Mercurio.
Actualmente es editor general de Pauta.
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