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14 Diciembre 2019

Integración en América Latina: un desafío pendiente

Integración en América Latina: un desafío pendiente
María Ignacia Matus M.
Boletín Observatorio Internacional
No. 45 / Diciembre 2019 
Facultad de Humanidades y Comunicaciones
Universidad Finis Terrae

La diversidad de América Latina, en el plano político, ha quedado en evidencia a partir de los múltiples intentos de integración que han existido desde la década de los ‘60. Sin embargo, las distintas tendencias políticas han ido generando un fraccionamiento que –finalmente- ha primado por sobre los intereses comunes, convirtiendo los esfuerzos integracionistas en una de sus principales debilidades, e incluso ha llevado, en ocasiones, a que los países privilegien la asociación extra regional en vez de sus propios vecinos. Una materia de especial relevancia, considerando que en la actualidad, nuevamente, surgen interrogantes tras el giro político en algunos países de América del Sur.

El llamado Eje Bolivariano, que tanto auge tuvo con el liderazgo de Hugo Chávez, se ha debilitado. El ímpetu que tuvo la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), al menos en cuanto a estrechar lazos políticos entre países de la región, quedó mermado tras la muerte de Chávez, la crisis económica de Venezuela y la salida del poder de fieles seguidores como Cristina Kirchner, Rafael Correa y Evo Morales. Una iniciativa que nació en 2001 con el fin de presentarse como una alternativa al modelo neoliberal y al liderazgo de EE.UU. en la Organización de Estados Americanos (OEA), y potenciar así a América Latina.

Edificio OEA

 

Por otra parte, el agravamiento de la crisis en Venezuela dejó de manifiesto la falta de consenso político en la región, así como la incapacidad de los organismos existentes para mediar en los conflictos que surgen entre las partes.

El ejemplo más reciente, es el debilitamiento de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), tras concretarse a la fecha el retiro de más de la mitad de sus miembros, mientras que su Secretaría General se encuentra vacante desde 2017.

Esta iniciativa fue creada en 2004, al alero del entonces presidente de Brasil Lula Da Silva junto a Chávez y el entonces presidente de Argentina Néstor Kirchner, con el objetivo revisionista de replantear los modelos de integración existentes, pero bajo la concepción de remarcar la identidad suramericana. Su estructura, basada en que las decisiones deben ser adoptadas por consenso, finalmente llevó a la paralización de su accionar.

Recientemente, el Foro para el Progreso de América del Sur (PROSUR) se presentó como el nuevo intento por impulsar el diálogo y la colaboración entre los países que la componen (Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Paraguay, Perú y Guyana). En la Declaración de Santiago, firmada en marzo de 2019 en Chile, el país se comprometió a asumir la Presidencia Pro Témpore, con el propósito de constituir “(…) un foro sin ideología que va a respetar la diversidad y las diferencias que cada pueblo decida al elegir a su Gobierno, un foro sin burocracia excesiva y un foro pragmático que va a buscar resultados”, señaló el presidente Sebastián Piñera.

Mercosur y UE

 

En este contexto, PROSUR busca construir una estructura regional flexible, no costosa y con reglas claras que permitan un eficiente funcionamiento. Todo ello, considerando evitar lo que muchos han calificado como un “exceso de ideología”, razón que ha contribuido al fracaso de organismos como UNASUR, el ALBA, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) o la Comunidad Andina (CAN), entre otros.

En tanto, el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) si bien ha atravesado por diversas etapas, ha logrado mantenerse y adaptarse en el tiempo gracias a su estructura institucional y los lazos comerciales que se han logrado forjar a lo largo de los años entre sus socios, especialmente Argentina y Brasil, así como el establecimiento de una plataforma hacia el exterior. Lo anterior puede ejemplificarse con el histórico acuerdo que se firmó con la Unión Europea en junio de 2019, después de 20 años de negociaciones, el cual se estima beneficiará a cerca de 770 millones de consumidores gracias a la liberalización de los mercados.

En consecuencia, “(…) los vaivenes ideológicos, los cambios de modelo de desarrollo, las distintas coaliciones en el gobierno han impedido tener continuidad en las políticas y esto obviamente ha hecho que, en algunos momentos, la integración sea una panacea, una gran promesa, y en otros momentos sea vista como una carga para algunos gobiernos que prefieren tener socios estratégicos o comerciales por fuera de la región”, señaló Juan Gabriel Tokatlian, profesor plenario de Relaciones Internacionales en la Universidad Di Tella en Buenos Aires.

De este modo, la proliferación de organismos ha sido una constante en la región, que ha dificultado el fortalecimiento de una integración que logre potenciar las fortalezas de los países, desviando recursos económicos y duplicando esfuerzos, que hacen de la integración aún un desafío pendiente, y que en 2020 pondrá a prueba a los nuevos gobiernos que asumen.

 
María Ignacia Matus M.
Periodista, Universidad de los Andes.
Magíster en Ciencia Política, Pontificia Universidad Católica.
Actualmente se desempeña en el Centro de Estudios e Investigaciones Militares
(CESIM) y es profesora de Mundo Contemporáneo en la Escuela de Periodismo de la
Universidad Finis Terrae.
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