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24 Junio 2020

Jair Bolsonaro agota su capital político en Brasil

Jair Bolsonaro agota su capital político en Brasil
Luis Lira C.
Boletín Observatorio Internacional
No. 48 / Mayo-junio 2020 
Facultad de Humanidades y Comunicaciones
Universidad Finis Terrae
 
 

Las fosas comunes cavadas en Manaos -para enterrar a la importante cantidad de fallecidos en la zona- es una muestra del difícil momento que atraviesa Brasil por la pandemia del coronavirus. En estos momentos, es el segundo país del mundo con mayor cantidad de contagios y su sistema de salud está colapsado. Un duro golpe para el país que hace algunos años se enorgullecía de ser la sexta potencia económica mundial, pero sobre todo para su presidente Jair Bolsonaro.

Es que el mismo ímpetu y el discurso “políticamente incorrecto” que lo llevaron al Palacio de Planalto, hoy lo tienen con la popularidad en el suelo, y peor aún, con un gabinete inestable y acusaciones de corrupción. Lo mismo que se comprometió a combatir, hoy lo tiene con la amenaza de un juicio político en el horizonte.

 

La “gripezinha”

 

Si bien Brasil ha cometido errores en la gestión del coronavirus, como cumplir de forma irregular el distanciamiento social, un relajamiento prematuro de la cuarentena en lugares estratégicos -como Sao Paulo- y el poco control del desplazamiento de personas en días festivos, todos los dardos apuntan al jefe de Gobierno.

En marzo, Jair Bolsonaro mostró una actitud despreocupada ante las medidas de distanciamiento. Llamó al covid-19 “una gripezinha” en cadena nacional y dio un mal ejemplo al aparecer sin mayores resguardos en diferentes lugares de Brasilia, donde compartió con partidarios y se tomó fotos con personas de la tercera edad, que son la mayor población de riesgo de la enfermedad.

En abril, cuando el coronavirus ya era un asunto serio, Bolsonaro siguió acercándose sin precauciones a sus seguidores y tomándose fotos con niños. “¿Y qué? Lo siento, ¿qué quieres que haga?”, declaró cuando los muertos en Brasil superaron los cinco mil.

Persona con bandera

El conflicto se trasladó al nivel político cuando se evidenciaron las discordancias de protocolos entre el mismo mandatario, los gobernadores y alcaldes. Mientras Bolsonaro abogaba por la continuidad del comercio, la contraparte aplicaba medidas de distanciamiento social. De todas formas, el presidente aseguró que la “factura de muertos” debía enviarse a los gobernadores.

Rotativa ministerial

La salud es solo la punta del iceberg de los sucesivos cambios que ha debido hacer Bolsonaro en su gabinete. Quien llegara al poder con 57 millones de votos y prometiera reducir el gasto ministerial a 22 carteras, ya lo ha aumentado a 23.

El primero en caer, en Salud, fue el ministro Luiz Henrique Mandetta, quien durante abril discutió con el presidente por las medidas de aislamiento social. Su sucesor en el cargo, el oncólogo Nelson Teich, duró menos de un mes, aparentemente por la discrepancia del decreto de Bolsonaro para abrir gimnasios y salones de belleza. El militar Nelson Pazullo, sin experiencia previa en el rubro, fue la opción del mandatario para guiar al crucial ministerio en su momento de mayor incertidumbre. Son precisamente los militares, el mundo de donde proviene Bolsonaro, quienes son su soporte gubernamental y de mayor confianza.

Sin embargo, la partida más polémica fue la del ex ministro de Justicia Sergio Moro. El juez gozaba de una enorme popularidad por liderar el mayor caso de corrupción en Brasil hasta la fecha -el Lava Jato- y por llevar al ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva a la cárcel.

Tras la elección de Bolsonaro, ungido con un discurso anticorrupción, tener a Moro en el gabinete era un deber. Sin embargo, el pasado abril, el ministro dio un paso al costado acusando al mandatario de interferir políticamente en las decisiones judiciales. El detonante fue la destitución, por parte del presidente, del director de la Policía Federal, Mauricio Valeixo, hombre de confianza de Moro en la lucha contra las malas prácticas.

Juez Sergio Moro

A esta interferencia en la labor judicial se suma al portazo que recibió en 2019 el Consejo de control de actividades financieras (Coaf), luego que el Tribunal Supremo de Brasil suspendiera la investigación por corrupción del senador Flavio Bolsonaro, primogénito del presidente. El caso, en curso antes de las elecciones presidenciales, buscaba aclarar unos pagos a Fabricio Queiroz, chofer y asesor que trabajaba en su gabinete cuando era diputado por Río de Janeiro.

Amenaza de un juicio político

Estos hechos hundieron el discurso anticorrupción de Jair Bolsonaro, estandarte de su llegada al poder. Esto se suma el mal momento económico y la depreciación del real en el mercado internacional. Y si estos tres ingredientes -gestión del coronavirus, acusaciones de corrupción y economía- siguen en alza, ahora aparece en el horizonte un juicio de destitución o impeachment, que ya vivieron Fernando Collor de Melo, en 1992 y Dilma Rousseff, en 2016.

Para saltar este obstáculo, Bolsonaro necesita el apoyo de un tercio de los diputados y ya está haciendo movimientos para lograrlo. Para matar dos pájaros de un tiro, volvió a dar rango de ministerio a Comunicaciones y puso a cargo a Fabio Fara, del Partido Social Democrático (de centro), quien a la vez yerno de Silvio Santos, propietario del Sistema Brasileño de Televisión, segundo en audiencia detrás de la todopoderosa Red Globo. En los últimos meses, el canal de Santos ya había bajado del aire información perjudicial contra el presidente.

Con estas acciones, Bolsonaro busca el apoyo del centro político para solidificar su gobierno y de paso, controlar la información sobre su persona. Un intento de limpiar su mala imagen, pero que él mismo se ha encargado de construir.

 

Luis Lira Camposano
Periodista, Universidad Finis Terrae.
Magíster en Estudios Internacionales, Universidad de Chile.
Actualmente se desempeña como Secretario Académico de la carrera de Periodismo de la Universidad Finis Terrae.
Es profesor de diferentes ramos de Historia y Actualidad en la carrera de Periodismo, además del curso “Europa en el siglo XXI”.
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