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24 Abril 2019

Japón se apresta a la llegada de su nuevo emperador

Japón se apresta a la llegada de su nuevo emperador
Alberto Rojas M.
Boletín Observatorio Internacional
No. 37. Abril 2019 
Facultad de Humanidades y Comunicaciones
Universidad Finis Terrae
 

El próximo 1 de mayo, Japón entrará en una nueva etapa de su historia, cuando el príncipe heredero Naruhito asuma como el 126º. emperador en reemplazo de su padre, Akihito, quien el día anterior abdicará al Trono del Crisantemo, transformándose en el primer monarca en tomar esta decisión en 200 años.

Fue hace poco más de 24 meses que el emperador Akihito planteó las “dificultades” para continuar ejerciendo su cargo, aduciendo su avanzada edad (85 años) y su condición de salud, lo que abrió la puerta a un largo y meticuloso proceso destinado a organizar el proceso de abdicación que culminará en los próximos días.

De esta forma, se pondrá fin a la era Heisei, que comenzó tras el fallecimiento del emperador Hirohito (1989), quien era el abuelo de Naruhito, y se iniciará la era Reiwa. Y aunque su uso en términos públicos no es obligatorio, la administración pública, hospitales y colegios lo consignarán en todos los documentos oficiales, al igual que en calendarios e incluso monedas, entre otras instancias.

De esta forma, Japón, que es la tercera economía más importante del mundo y una de las democracias más consolidadas y estables de Asia, también cuenta con la monarquía en funciones más antigua del mundo, de 2.600 años de antigüedad. Sin embargo, fue durante el siglo XX que esta vivió su cambio más profundo.

Tiempos difíciles

En Japón, independientemente de la época, la figura del emperador siempre ha tenido una importancia fundamental. Y cuando el Imperio Japonés inició su expansión territorial durante las primeras décadas del siglo pasado, el emperador no estuvo ajeno a ese proceso.

En ese sentido, hasta hoy la figura de Hirohito sigue siendo objeto de estudio y controversia, en la medida que existen dos visiones del papel que jugó durante ese periodo marcado por el militarismo. Algunos historiadores consideran que él fue presionado y manipulado por la cúpula castrense de esos años, para que se manifestara a favor de la campaña militarista que llevó a Japón a expandirse por Asia. Pero hay otras visiones, que aseguran que él estuvo a favor de la expansión territorial nipona, que costó cientos de miles de vidas.

Tras la capitulación de Japón a fines de la Segunda Guerra Mundial —luego que Estados Unidos lanzara las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, en agosto de 1945—, los Aliados iniciaron el proceso destinado a que este país dejara de ser un imperio, para transformarse en una monarquía parlamentaria.

En ese contexto, el general estadounidense Douglas Mac Arthur, quien –literalmente- se convirtió en el gobernador de Japón e inició su reconstrucción en términos políticos, económicos y de infraestructura, estableció que el emperador Hirohito fuera alejado de los llamados Juicios de Tokio, en los que la cúpula militar japonesa fue juzgada por crímenes de guerra. ¿El motivo? Mac Arthur comprendía que el emperador era vital para el proceso de reconstrucción del país, ya que a partir de ese instante habría de encarnar la estabilidad y la unidad del Japón de posguerra.

A pesar de eso, en la Constitución de 1947 -impuesta por Estados Unidos a Japón-, Hirohito fue despojado de su carácter divino y de cualquier poder político, transformándose en el jefe de Estado de una monarquía parlamentaria; la reforma más profunda y compleja de esta institución.

La tradición establece que asociada al emperador se establece una era, durante el tiempo que ocupe el trono. Y en muchos aspectos, el nombre elegido representa los ideales o valores vigentes en la sociedad nipona durante una época específica. Fue el caso del emperador Hirohito, cuyo periodo se conoció como Showa, que significa “paz y armonía”, aunque estuvo marcado por la expansión militarista de la primera mitad del siglo XX.

Luego, en el caso del emperador Akihito, se inició la era Heisei, que se podría interpretar como “consiguiendo la paz”, y que representaba a un Japón que buscaba dejar atrás los fantasmas de la Segunda Guerra Mundial.

Ahora, con Naruhito, se iniciará la era Reiwa, que es la unión de dos ideogramas (kanjis) cuyos significados combinan los conceptos de “orden” o “agradable” y “armonía” o “paz”. Y que representan una declaración de principios durante su periodo.

La línea de sucesión

Al igual que en el caso de otras monarquías parlamentarias del mundo, como las europeas, en Japón existen detractores que defienden la necesidad de suprimir la figura del emperador y de la familia imperial. Sin embargo, a pesar de eso, la monarquía aún cuenta con un importante número de partidarios y sigue siendo relevante para gran parte de la ciudadanía y del gobierno.

¿Pero quién es el futuro emperador? De 59 años, el todavía príncipe Naruhito está casado con la princesa Masako (una plebeya), con la cual son padres de una sola hija: la princesa Aiko, de 17. Pero como en Japón sigue vigente la Ley Sálica, que establece que la línea de sucesión solo aplica para el hijo mayor, el heredero inmediato es su hermano, el príncipe Akishino, de 53 años. Y aunque él y su esposa, la princesa Kiko, tienen dos hijas —las princesas Mako, de 28, y Kako, de 25—, la línea pasa directamente de él a su hijo de 12 años, Hisajhito.

Cabe recordar que, en este contexto, si las hijas se casan con un plebeyo, ellas dejan de formar parte de la familia imperial y deben renunciar a su título de princesa, así como a todos sus privilegios. La última vez que esto ocurrió fue en 2005, cuando tras un año de preparativos, la entonces princesa Sayako —única hija del emperador Akihito y la emperatriz Michiko— se casó con Yoshiki Kuroda, un urbanista del Ayuntamiento de Tokio.

Un destino similar le espera a la princesa Mako, comprometida con el plebeyo Kei Komuro, lo que la llevará a abandonar la familia real en 2020.

Este orden de sucesión ya establecido, garantiza la continuidad en el Trono del Crisantemo. Sin embargo, es probable que durante la era Reiwa —en sintonía con los cambios sociales a escala mundial— se instale la necesidad de revisar la Ley Sálica, abriendo la posibilidad de que una mujer pudiera participar de la línea de sucesión. Después de todo, la historia japonesa registra el caso de ocho emperatrices. Aunque, obviamente, de darse este debate, será largo y complejo.

Alberto Rojas M.
Periodista, Universidad Diego Portales.
Magíster en Ciencia Política, mención Relaciones Internacionales, Pontificia Universidad Católica.
Director del Observatorio de Asuntos Internacionales
Facultad de Comunicaciones y Humanidades Universidad Finis Terrae.
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