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22 Mayo 2019

Kosovo, a 20 años de su controvertida independencia

Kosovo, a 20 años de su controvertida independencia
Luis Lira C.
Boletín Observatorio Internacional
No. 38. Mayo 2019 
Facultad de Humanidades y Comunicaciones
Universidad Finis Terrae
 

La Unión Europea dio el paso. En un gesto mediador, pero también para anticipar futuros conflictos en el continente, Angela Merkel y Emmanuel Macron convocaron a las autoridades de Serbia y Kosovo a un encuentro en Berlín, para acercar posiciones tras las últimas tensiones derivadas de la independencia unilateral de este último país –hace veinte años-, fruto de una histórica disputa fratricida.

El presidente de Serbia, Aleksandar Vučić, y el mandatario kosovar, Hashim Thaçi, llegaron al acuerdo de volverse a reunir el 2 de julio para continuar las negociaciones, pero aún es mucho lo que debe solucionarse para que los gobiernos de Belgrado y Pristina puedan convivir en paz.

El primer obstáculo es el aumento arancelario del 100% que Kosovo puso a las importaciones serbias desde noviembre de 2018, lo que ha estrangulado la economía de Belgrado y también las necesidades de los serbios que viven en territorio kosovar. Veinte años después del que fue el último conflicto armado en la ex Yugoslavia, la paz aún parece estar muy distante en ambos países.

Caminos marcados por la guerra

Como parte del Imperio Otomano hasta principios del siglo XX, Kosovo tuvo una fuerte presencia musulmana que estrechó fuertes lazos con sus vecinos de Albania. Sin embargo, la caída de los imperios anexó la zona al naciente Reino de los serbios, croatas y eslovenos, tras el fin de la Primera Guerra Mundial. De inmediato, la influencia y dependencia directa del lugar quedó en manos de Serbia. Y durante la Segunda Guerra Mundial, las potencias del Eje repartieron el territorio bajo administración italiana y alemana. Con estos últimos, miles de serbio-kosovares fueron expulsados del territorio.

Al término de la Segunda Guerra Mundial, Kosovo vivió una breve esperanza para sus sueños de independencia: el régimen de Tito le dio el status de región autónoma de Serbia, en 1946, y en 1963 se convirtió en provincia autónoma. De todas formas, se estima que aproximadamente 4.000 kosovares opuestos al régimen fueron asesinados.

Las semillas de disputa étnica entre serbios y albano-kosovares ya estaban sembradas. A pesar de eso, la Constitución yugoslava de 1974 continuó el proceso autónomo de la zona, que incorporó textos albaneses en su plan escolar.

Sin embargo, durante la década de 1980 escaló el antagonismo entre los kosovares, que querían gozar de mayor autonomía, y los serbios, que buscaban consolidar una mayor conexión con Belgrado.

En 1981 se realizaron protestas por parte de estudiantes albano-kosovares pidiendo que la región fuera independiente al interior de Yugoslavia, lo que pronto escaló en manifestaciones violentas. Esto tuvo su respuesta por parte del gobierno, que incluso envenenó a dos mil de estos estudiantes, contaminando el agua de las tuberías de sus piezas.

Como respuesta a esto, los serbios que vivían en el lugar fueron fuertemente discriminados. En forma de protesta, denunciaron a Belgrado por su abandono y que la policía no los estaba amparando.

“Nadie les puede pegar”, anunció un joven político en ascenso llamado Slobodan Milošević, de visita en la zona. De inmediato se ganó el apoyo serbio y a fines de 1987 ya estaba en el poder. Milošević, de esta forma, implementó una nueva constitución que redujo la autonomía de las provincias y desde Belgrado se ejerció directamente el control de Kosovo, que vio como todo su avance cultural era reprimido por el gobierno. Los albano-kosovares no quisieron participar del referéndum, pero finalmente fueron forzados a ratificar el documento.

La Guerra de Kosovo

En la década de 1990, los albano-kosovares no participaron de las reformas políticas de Yugoslavia, mientras veían reducidas sus manifestaciones culturales a una mínima expresión. En 1992 eligieron a Ibrahim Rugova como “presidente” de una autoproclamada República de Kosovo, que no fue reconocida en Yugoslavia ni en el resto del mundo.

Refugiados de otras regiones del dividido país llegaban a buscar refugio a Kosovo, mientras las tensiones nacionalistas aumentaban. Si bien las intenciones de Rugova eran pacíficas, su oposición impulsó la creación del Ejercito de Liberación de Kosovo (ELK). Este grupo inició una serie de guerrillas contra el Ejército yugoslavo, que se unió a la policía para una ofensiva en la que murieron miles de civiles albano-kosovares y otro medio millón debió huir de sus casas. Los serbios fueron víctimas también de la violencia, siendo “vaciados” de los pueblos mixtos.

Con las negociaciones entre albanos y serbios en punto muerto, y como último punto activo de conflicto, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) intervino el 24 de marzo de 1999 sin el permiso de Naciones Unidas.

La OTAN bombardeó objetivos serbios tanto en Kosovo como en el norte de Serbia, mientras el ELK también combatía a las fuerzas de Milošević. Este ataque provocó un éxodo masivo de los habitantes de Kosovo, lo que fue interpretado por la comunidad internacional como “limpieza étnica”.

El alto el fuego se dio tres meses después, el 10 de junio, con la firma del Acuerdo de Kumanovo. Al terminar el conflicto, varios ex oficiales militares yugoslavos, incluido Slobodan Milošević, fueron condenados por la recién creada Corte Penal para la Ex Yugoslavia.

Posteriormente, la OTAN ingresó a Kosovo a través de la Misión de Administración Provisional de la Naciones Unidas en Kosovo.

Durante la primera década del 2000, la vida en Kosovo se vivió entre campamentos, protestas entre diferentes bandos y trata de blancas. En 2006, de acuerdo a la resolución 1244 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, se inició el proceso para definir el estatus final de Kosovo. Y si bien la comunidad internacional apoyaba la permanencia en Serbia, la población albanesa pedía la autonomía.

Una “independencia supervisada” apareció como solución en el borrador presentado a Belgrado y Pristina, con la oposición de Rusia. En 2007, la Unión Europea solicitó el traspaso de la misión estabilizadora de la OTAN, pero al año siguiente, los políticos kosovares dieron un paso más adelante, y en sesión especial de su Parlamento, el 17 de febrero de 2008, en Pristina, declararon la independencia de la nación, tomando el nombre de República de Kosovo.

Si bien cuenta con el apoyo de Estados Unidos y países de la Unión Europea, España y Rusia aún no le dan su reconocimiento. Y, del mismo modo, mantiene su status limitado ante Naciones Unidas, que permanece en el territorio con la misión de la OTAN.

Un futuro incierto

Desde entonces, Serbia no reconoce la autonomía de Kosovo, manteniendo una tensa relación y lo que tiene la última llama del conflicto de los Balcanes encendida.

“Los milagros no ocurren”, señaló el presidente serbio, Aleksandar Vučić, luego de finalizar el encuentro en Berlín, con el compromiso de seguir conversando con sus vecinos del sur, pero sin llegar a acuerdos.

Con el objetivo de borrar el estigma de colocar a los serbios como los culpables de los conflictos en los Balcanes, Belgrado reclama contra un alza arancelaria que fue implementada por Pristina y que solo tiene el objetivo de desestabilizar la zona y perjudicar a los serbios que viven en territorio Kosovar.

Esta ofensiva económica por parte de Kosovo vino después de que Serbia bloqueara el ingreso de este país a Interpol. Otras discrepancias van de la mano con incumplimientos anteriores: del acuerdo de Bruselas de 2013, Pristina no ha cumplido en crear una asociación de municipios serbios en su territorio, pero sí ha avanzado en la creación de un Ejército propio, lo que asusta en Belgrado. Estos últimos aseguran que están siendo capacitados por veteranos de guerra croatas, lo que elevaría el conflicto a una mayor escala.

Mientras, el presidente Kosovar, Hashim Thaçi, se opone a restablecer relaciones económicas con sus vecinos del norte y señala que para cualquier conversación, debe sentarse Estados Unidos en la mesa.

El gobierno de Thaçi dio otro paso igual de agresivo en su camino de validación internacional: cortó comunicación con la misión de la OTAN -quienes administran el poder político y legal en Pristina-, luego que el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, señalara que la escalada del conflicto se debe al alza arancelaria kosovar. “Pristina no lleva a cabo la política exterior, sino que pertenece a un club dirigido por Estados Unidos”, señaló sobre esto el primer ministro de Kosovo, Ramush Haradinaj.

Antes del encuentro en Berlín, el presidente serbio respondió con la retórica de la Guerra Fría: que antes de tomar una decisión, ser reuniría con Xi Jinping y Vladimir Putin. Anticipándose a esto, y pensando en que Serbia inició sus trámites de ingreso a la Unión Europea en 2014, Bruselas quiere paz en el vecindario y evitar un conflicto que encienda toda la zona de los Balcanes, Macedonia y Grecia. Para eso, al diálogo entre Serbia y Kosovo se incorporaron, además, a los jefes de Estado de Montenegro, Macedonia del Norte, Bosnia-Herzegovina, Croacia y Eslovenia.

Ambos países se comprometieron a reanudar conversaciones en julio. Europa y el mundo cruzan los dedos para que las negociaciones lleguen a buen puerto y que el último conflicto latente de los Balcanes, tras 20 años, logre la paz definitiva. La tarea es una y compleja: el reconocimiento total de Kosovo por parte de la comunidad internacional.

Luis Lira Camposano
Periodista, Universidad Finis Terrae.
Magíster en Estudios Internacionales, Universidad de Chile.
Actualmente se desempeña como Secretario Académico de la carrera de Periodismo de la Universidad Finis Terrae.
Es profesor de diferentes ramos de Historia y Actualidad en la carrera de Periodismo, además del curso “Europa en el siglo XXI”.
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