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22 Mayo 2019

La detención de Julian Assange y su impacto para la libertad de expresión

La detención de Julian Assange y su impacto para la libertad de expresión
Oscar Jaramillo C.
Boletín Observatorio Internacional
No. 38. Mayo 2019 
Facultad de Humanidades y Comunicaciones
Universidad Finis Terrae
 
La detención del fundador de Wikileaks, Julian Asange, en Londres después de que el gobierno de Ecuador le retirara su calidad de asilado político en su embajada, podría acarrear insospechadas consecuencias para la libertad de expresión en el ecosistema digital.

Tal como lo advierte la ONG estadounidense Electronic Frontier Foundation (EFF), el mayor peligro que se vive en la actualidad es la criminalización de los movimientos de software libre y de los que luchan por el respeto de los llamados “derechos digitales”.

Las recientes declaraciones provenientes de la administración del presidente Donald Trump y las acciones del gobierno de Lenin Moreno, respaldan esta tesis. En una entrevista en vivo en el programa America this Week, conducido por el periodista Eric Bolling, Trump afirmó que no sabía mucho del tema de la detención de Julian Assange.

“Bueno, no sé nada sobre él. Y no sé qué va a pasar, supongo que el concepto es que tal vez sea un tipo de reportero y, ya saben, The New York Times está haciendo lo mismo y quizás The Washington Post quizás haga lo mismo que él”, dijo Trump. “Simplemente no sé mucho sobre eso”, le recalcó a Eric Bolling.

El periodista de inmediato lo cuestionó y le aseguró que Wikileaks y Assange no podían ser considerados como medios informativos. “Bueno, sabes que tenemos un gran Fiscal General que está manejando eso”, le respondió Trump.

Para la EFF, la aseveración de Trump va más allá de relacionar a los medios de comunicación con las fake news, al equipararlos con Wikileaks. Lo que intentaría realizar es asociar la palabra hacker a la actividad informativa que los medios de comunicación realizan habitualmente.

También existiría la intención de “demonizar” a Wikileaks y a todas aquellas organizaciones que propugnan la transparencia en términos informativos. Cabe recordar que la extradición de Assange se sustenta en este momento por una sola infracción a la Computer Fraud and Abuse Act (FFAA), por un intento fallido de aplicar ingeniería inversa a una contraseña. El cargo es bastante menor si consideramos todos los recursos diplomáticos y judiciales que se han empleado hasta la lograr su detención en Londres.

Horas después de que el fundador de Wikileaks fuera arrestado, la policía ecuatoriana detuvo a Ola Bini, un programador sueco que desarrolla software libre y que vive en Quito. Bini fue acusado de “presunta participación en el delito de asalto a la integridad de los sistemas informáticos e intentos de desestabilización del país”.

Como prueba de ellos fueron exhibidos pendrives, un computador, discos duros externos y claves de dos fases de autentificación. Pero todas esas cosas son comunes para cualquier persona que trabaje en el campo informático. De hecho, las autoridades ecuatorianas señalaron que Bini trabajaba con Linux, programa que calificaron como una aplicación hacker.

Cabe recordar que Linux es un sistema operativo de código abierto que es ampliamente utilizado por los desarrolladores web y programadores alrededor del mundo. De hecho, la mayor parte de los servidores web corren bajo Red Hat, que es un sistema operativo para servidores, creado a partir de Linux.

Nuevos peligros

De uno u otro modo, el arresto de Assange también criminaliza una de sus principales banderas de lucha: el uso de la encriptación por parte de periodistas y medios de comunicación.

La denuncia de Edward Joseph Snowden a los diarios The Guardian y The Washington Post, de que la CIA y la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) estaban espiando a los ciudadanos estadounidenses y a autoridades políticas de países aliados, fueron el sustento para que Assange declarara a los cuatro vientos la importancia que adquiere en la actualidad el uso de programas de encriptación, que impide que los gobiernos y la industria informática lean, almacenen y procesen nuestros mensajes.

Los avances de la inteligencia artificial, junto con la absoluta opacidad sobre los criterios y la forma en que están confeccionados los algoritmos mediante los cuales funcionan los buscadores y las redes sociales, constituyen una parte importante del problema si consideramos el microtarjeting y la forma en como las fake news han sido utilizados en las campañas de Donald Trump y Jair Bolsonaro.

El arresto de Assange es un duro golpe para el mundo de los derechos digitales, no solo por lo que representa, sino porque supone la criminalización del software libre, de la encriptación y de quienes denunciamos a diario la pérdida de la vida privada de los ciudadanos, así como la forma en que los entornos digitales son utilizados para recopilar información de las personas, sin que ellas se den cuenta. O lo que es más importante: que tengan la falsa impresión del anonimato, tal como lo afirma Zittrain. Es por eso que la detención de Julian Assange marca un mal precedente para la libertad de expresión en los entornos digitales.

Óscar Jaramillo C.
Periodista, Universidad Diego Portales.
Doctor en Ciencias de la Información, Universidad Complutense de Madrid
Académico investigador, Escuela de Periodismo, Universidad Finis Terrae.
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