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17 Enero 2020

La estratégica e imparable expansión de China

La estratégica e imparable expansión de China
Eduardo Olivares C.
Boletín Observatorio Internacional
No. 46 / Enero-febrero 2020
Facultad de Humanidades y Comunicaciones
Universidad Finis Terrae
 

Desde 1979, China ha tenido un crecimiento económico ininterrumpido. Se trata de la economía con la expansión sostenida de mayor duración hasta ahora. Primero, se abrieron los mercados para la inversión extranjera. Luego vino el boom de las exportaciones. Más tarde, se potenciaron las áreas de educación e innovación para fomentar el crecimiento futuro.

Beijing impulsó a las empresas chinas a explorar otros continentes, donde han inyectado miles de millones de dólares en infraestructura, servicios y centros para aprovisionarse de materias primas. Se trata de una estrategia integral, pues combina la economía real con las transacciones financieras.

Las puntas de lanza más prominentes apuntan a las inversiones en infraestructura, aunque no se limitan a ello. China, en rigor, está avanzando por el camino de una gran estrategia de influencia en el mundo que ha sido impulsada especialmente por Xi Jinping, su presidente desde marzo de 2013. Casi todas las actividades e iniciativas comenzaron, precisamente, en su primer año de gobierno.

 

La ruta y el banco

 

Edificio AIIB

 

Como parte de una estrategia pensada para las nuevas décadas, China resolvió potenciar precisamente su mirada al resto del mundo. Hasta ahora, el proceso más conocido en Occidente corresponde a la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR), creada en 2013: una red global que, por medio de obras de infraestructura, sea un trampolín para el comercio y las inversiones.

La iniciativa ha tenido tal éxito que, de acuerdo con cifras oficiales, ya ha sido firmada en la forma de diversos acuerdos por 126 países y 29 organizaciones internacionales en todos los continentes. Entre 2013 y 2018, esos países representaron un cuarto de los destinos de exportación chinos y en ellos invirtió de modo directo más de US$ 90 mil millones.

Una segunda línea de acción aborda el financiamiento de infraestructura. Para ello, China fundó el Banco Asiático de Inversión e Infraestructura (AIIB). Con su sede central en Beijing, opera desde 2016 y ha solventado 63 proyectos repartidos en decenas de países, sobre todo de Asia. Hasta ahora, su volumen de inversiones sobrepasa los US$ 12 mil millones.

Aunque tanto la IFR como el AIIB son megaproyectos de largo plazo, existe otro, también encabezado por China, que parece haber pasado inadvertido en el tráfago noticioso occidental: un mega acuerdo comercial asiático.

 

La hora del RCEP

 

Su sigla, RCEP, viene de Regional Comprehensive Economic Partnership (RCEP), que se traduce como Asociación Económica Integral Regional. Tiene, incluso desde su nombre, un cierto parecido al acontecido TPP-11 (Tratado Integral y Progresivo de Asociación Transpacífico), y de hecho están emparentados en varios modos.

Vamos al RCEP. Se trata de un pacto comercial entre 15 economías asiáticas, que incluye a las 10 que integran el bloque de Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean): Brunéi, Camboya, Filipinas, Indonesia, Laos, Malasia, Myanmar, Singapur, Tailandia y Vietnam; además de China, Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelandia.

Las tratativas comenzaron en 2012, se fortalecieron en 2013 y a fines de 2019 se cerró la última ronda de negociaciones. La firma de los gobiernos podría ocurrir en los primeros meses de 2020. Y si todo sale como está programado, el pacto entraría en vigor en 2021.

Vamos al TPP. Ese tratado originalmente involucraba a 12 de las 21 economías de APEC, y estaba destinado a transformarse en el mayor bloque comercial del mundo. Claro, pues entre los socios más potentes estaban Estados Unidos, Japón, Canadá, México, Australia y Nueva Zelandia, aparte de naciones pequeñas como Chile. Pero la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca partió con el retiro de ese país del TPP, tras lo cual los socios que quedaron resolvieron mantener lo ya avanzado. Por eso se habla del número 11: TPP-11.

En ese contexto, la salida de Estados Unidos permitió a la segunda potencia del mundo, China, buscar su propia oportunidad. De eso se trata, en buena medida, el RCEP. Ahora será ese el camino desde Asia para extender la red comercial más maciza del mundo. La economía china representa el 52% del RCEP, mientras Japón el 23%, y los países de Asean, el 12%.

 

La salida de India

 

En su diseño original –hay que subrayar aquello, ya que un enorme país se retiró del RCEP en la última ronda-, este acuerdo iba a implicar, en régimen, un incremento de US$ 286 millones por año en ingresos globales reales (casi el 0,2% del PIB mundial), según un estudio de Brookings. Incluso, proyectaba que las ganancias serían el doble de las del TPP-11.

Sin embargo, habrá que morigerar algo esas estimaciones, porque el país que se retiró de las conversaciones fue India, el segundo más populoso del mundo después de China y una de las economías de mayor aceleración de las últimas décadas.

El gobierno de Narendra Modi advirtió que tenía preocupaciones acerca de la protección de datos personales debido al estímulo al comercio electrónico, así como a ciertos desequilibrios que observaban para los sectores agrícolas y manufactureros.

Los 15 socios restantes no solo resolvieron continuar con el RCEP, sino incluso mejorar algunos capítulos sobre acceso al mercado ahora que India -uno de los países más proteccionistas durante las tratativas-  decidió salirse.

El RCEP hay que evaluarlo en su propio contexto. Muchos de sus integrantes apenas tienen acuerdos comerciales bilaterales, y otros temen que se levanten controles que hasta ahora protegen a sus industrias. Por ahora, el RCEP contiene 20 capítulos, lo cual se compara en forma modesta con la treintena de capítulos del TPP-11 o del acuerdo que sustituirá al Nafta (México, Estados Unidos y Canadá). El corazón del tratado asiático estará en lo clásico de estos pactos: una severa disminución de los aranceles entre los países signatarios.

Aunque los detalles se conocerán una vez que todo esté firmado, se espera que los recortes arancelarios sean mayores al 80% de los productos comerciados; el número de beneficiarios podría subir tras el retiro de India.

 

El otro acuerdo trilateral

 

Esquema tratad China

 

China, como promotor de estas nuevas redes comerciales, tiene otro objetivo complementario: sellar un acuerdo comercial más específico, pero de enorme impacto, con sus dos mayores competidores del este asiático: Japón y Corea del Sur.

El 24 de diciembre de 2019 ocurrió la más reciente de las reuniones trilaterales, en medio –además- de los serios roces diplomáticos entre Tokio y Seúl. No pasó inadvertido, por lo tanto, que este encuentro se efectuara en Chengdu, China.

 

Habrá que tener paciencia: mientras el RCEP avanza hacia su última etapa, el acuerdo trilateral chino-japonés-coreano se mueve en un ritmo más lento. China, sin embargo, ha demostrado que sus mejores éxitos provienen de una estrategia de décadas.

 

 
Eduardo Olivares Concha.
Periodista, Pontificia Universidad Católica de Chile.
Magíster en Estudios Internacionales y del Pacífico, Universidad de California,
San Diego.
Doctor en Ciencia Política, Universidad de Manchester.
Profesor de Economía Chilena en la carrera de Periodismo de la Universidad
Finis Terrae.
Ha trabajado en el Diario Financiero, La Tercera y El Mercurio.
Actualmente es editor general de Pauta.
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