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19 Septiembre 2020

La pandemia de la desglobalización

La pandemia de la desglobalización
María Ignacia Matus M.
Boletín Observatorio Internacional
No. 50 / Septiembre-octubre 
Facultad de Humanidades y Comunicaciones
Universidad Finis Terrae
 

El mundo entero vive momentos de pesar e incertidumbre ante las consecuencias que ha dejado una de las pandemias más dañinas que ha experimentado la humanidad. Si bien los efectos han sido disímiles, así como las estrategias para enfrentarla, ningún país ha quedado ajeno a sus devastadores resultados, los cuales a la fecha ya han cobrado más de 800 mil víctimas fatales y más de 25 millones de contagiados.

La pandemia no solo ha obligado a modificar nuestras conductas y estilos de vida, sino que también ha desafiado a comunidades y organizaciones de toda índole. Por otra parte, en el ámbito político, el propio orden internacional ha sido blanco de múltiples cuestionamientos, tras la incapacidad de generar consensos para enfrentar de manera conjunta esta amenaza global, lo que se puede ejemplificar en el rol que ha tenido la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Este orden, más bien debilitado, ha descansado por años en un equilibrio de poder derivado de la Guerra Fría, que no es representativo de la realidad actual y que a lo largo de los años ha ido evidenciando sus falencias.

A lo anterior se suma el acelerado proceso globalizador, que ha impedido que todos los países gocen, en la misma medida, de las bondades de la interconexión global, fomentando así lo que Joseph Stiglitz denominó como “el malestar de la globalización”.

Stiglitz planteaba que en las condiciones existentes, la globalización no lograba funcionar para todos por igual porque los países más desarrollados se veían favorecidos por las reglas del juego -creadas en resguardo de sus propios intereses-, motivo por el cual llamaba a transitar hacia una globalización “con rostro más humano” de la cual todos pudieran beneficiarse.

Domino de paises

Sin embargo, lo que suponía ser la “panacea” para que muchos pudieran elevar sus niveles de desarrollo, pareció comenzar un retroceso, incrementado así las brechas entre los países más desarrollados y aquellos que no lograban alcanzar los estándares adecuados para ser parte de la competencia que exige la globalización, haciéndolos aún más vulnerables ante los vaivenes de la economía internacional. 

La crisis financiera de 2008, con la quiebra del prestigioso banco de inversiones de Estados Unidos Lehman Brothers, posicionó en la agenda política internacional la discusión sobre la “desglobalización” que se experimentaría. Catalogada como la mayor crisis financiera internacional desde la Gran Depresión, la crisis subprime tuvo su origen en la liberalización financiera de las últimas dos décadas que, según expertos, careció de una adecuada regularización y comenzó a reconfigurar el sistema financiero internacional, desafiando al modelo económico liberal que prácticamente no había sido cuestionado desde la década de los ‘90.

La crisis migratoria en Europa en 2015, la más grande desde la Segunda Guerra Mundial, no solo provocó una crisis humanitaria de proporciones, sino que dejó de manifiesto la falta de una visión común entre los miembros de lo que hasta entonces había sido el modelo de integración más exitoso; la Unión Europea (UE).

Jean Claude Juncker, entonces presidente de la Comisión Europea, admitía que las divisiones estaban poniendo en riesgo a la UE y que la crisis amenazaba con “incrementar las grietas y fragilidad” del bloque. Posteriormente, el Brexit y sus efectos agregaron nuevas cuotas de desencanto.

El momento “G-Cero”

Actualmente, la pandemia no ha hecho más que consolidar ese malestar y la tendencia desglobalizadora, agudizando la crítica contra el modelo liberal y el fracaso de las instituciones multilaterales. Todo ello, ante un evidente desequilibrio mundial que incluso ha hecho reaparecer fronteras que parecían extintas.  

Un escenario que, a todas luces, ha contribuido al deterioro del multilateralismo, en donde analistas apuestan por un “nuevo orden post COVID”. En este contexto, Ian Bremmer ha planteado un mundo “G-Cero” o “cero-polar”, en el cual ningún país o alianza permanente de naciones puede asumir un liderazgo mundial. Derivado de ello, la cooperación internacional se encuentra decreciendo, avizorando nuevos conflictos económicos y una tendencia hacia el proteccionismo, lo que es posible observar principalmente en Estados Unidos y Europa.

Cartel closed

Según la perspectiva de Bremmer, Estados Unidos ya no quiere jugar el rol de líder global,  o por lo menos no con la intensidad de antes, a pesar de que junto con China continuará siendo parte de los grandes poderes dominantes.

En ese sentido, reconoce de la potencia asiática su incremento de poder, considerando su mercado y capacidades tecnológicas y militares, logrando con ello presentarse como una alternativa al modelo estadounidense. En tanto, de Rusia resalta su acción para “socavar el sistema mundial”, aprovechando las divisiones que existen.

Todo ello, en medio de una sociedad civil cada vez más organizada y con actores supranacionales.  “Todas estas cosas ayudan a entender por qué estamos viendo cada vez más un mundo G-Cero (…) El G-Cero es un interregno. Un punto de detención, un vacío geopolítico del orden mundial; es lo que llamo una recesión geopolítica (…) que no creo que dure para siempre, pero que sí por al menos 10 años. Pero las consecuencias todavía no las conocemos, no sabemos cómo será el mundo post orden mundial americano”.      

En esta “Era de incertidumbres”, y en momentos en que Naciones Unidas cumple 75 años, el gran desafío para el multilateralismo radica en superar los conflictos de interés entre los Estados para fortalecer la cooperación, única herramienta eficaz para enfrentar amenazas de carácter global, como las que hoy estamos viviendo, cuya solución -necesariamente- se encuentra en una respuesta coordinada y consensuada entre los países.   

 
María Ignacia Matus M.
Periodista, Universidad de los Andes.
Magíster en Ciencia Política, Pontificia Universidad Católica.
Actualmente se desempeña en el Centro de Estudios e Investigaciones Militares
(CESIM) y es profesora de Mundo Contemporáneo en la Escuela de Periodismo de la
Universidad Finis Terrae.
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