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24 Junio 2020

Las dos almas de Alberto Fernández

Las dos almas de Alberto Fernández
Gonzalo Vega S.
Boletín Observatorio Internacional
No. 48 / Mayo-junio 2020 
Facultad de Humanidades y Comunicaciones
Universidad Finis Terrae
 
 

A pesar de haber asumido como presidente de Argentina en diciembre del año pasado, Alberto Fernández aún no ha podido comenzar su gobierno. Por lo menos, así piensan varios analistas al otro lado de la cordillera. Es que en estos primeros seis meses, el manejo de dos crisis tan importantes como la del coronavirus y la renegociación de la deuda del país han concentrado todo el accionar de la Casa Rosada, dejando en un segundo plano el proyecto político del mandatario.

Solo una vez que Argentina logre un acuerdo con sus acreedores, o no lo haga y quede aislada del sistema financiero internacional (la negociación se está llevando a cabo en estos días), y el país comience a dejar atrás el largo confinamiento -y con él, el mortífero virus-, Fernández tendrá que mostrar sus cartas y revelar qué camino seguirá: el del “albertismo”, o el del “cristinismo” (en Argentina hay una tendencia por personalizar los proyectos políticos).

Y la decisión tendrá que tomarla en un escenario poco auspicioso, pero que es casi permanente en Argentina: una fuerte crisis económica. Porque el país arrastra dos años de recesión, y para 2020 proyecta una caída del PIB de 6,5%.

El mandatario goza de una popularidad que supera el 60%, la que se puede atribuir a su manejo de la crisis del coronavirus, cuya bandera ha sido una temprana cuarentena total que entró en vigor el 19 de marzo en Buenos Aires, solo 16 días después del primer caso, y que se extenderá al menos hasta fines de junio.

Por ahora, el sistema de salud ha resistido sin problemas la pandemia, y Argentina solo registra 45 mil personas contagiadas y poco más de mil muertos. Aunque estas cifras están condicionadas por la muy baja cantidad de testeos que se realizan en el país.

Bandera Fernandez

En cuanto a la otra crisis, la económica, Argentina cayó en cese de pagos el pasado 22 de mayo, al no cancelar unos US$ 500 millones en intereses. El impacto político de este hecho fue prácticamente nulo. Bueno, es que es un escenario conocido. Es la novena vez en su historia que el país entra en un default.

Fernández se encuentra renegociando la deuda de US$ 66 mil millones, y para ello cuenta con el respaldo del Fondo Monetario Internacional, consciente de que si no se le da un respiro a Argentina, su deuda se puede tornar inmanejable.

 

La sombra de la “Señora K”

 

Solo una vez que la renegociación y el coronavirus comiencen a quedar en el olvido, empezará realmente el mandato de Alberto Fernández. ¿Y hacia dónde se moverá? La falta de un líder en la oposición le deja al mandatario un margen en apariencia amplísimo para moverse. Sin embargo, los límites están en el mismo oficialismo: la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, y su hijo, Máximo Kirchner, jefe de la mayoría en la Cámara de Diputados. Ambos mantienen una base militante de la que el presidente carece.

Desde que asumió en la Casa Rosada -a diferencia del “cristinismo”-, Fernández había expresado su compromiso con la participación del mundo privado en el desarrollo económico del país, a través de la construcción de un capitalismo moderado. Por eso extrañó tanto su decisión de estatizar la empresa agroexportadora Vicentín, que había caído en cesación de pagos.

El gobernante insiste que se trata de una “excepción”, para evitar que la compañía -una empresa gigante de un sector “estratégico” para Argentina, uno de los mayores productores y exportadores mundiales de granos y derivados- quiebre o pase a manos de capitales extranjeros. Pero la medida preocupa a los inversionistas extranjeros, quienes ven detrás la mano del “cristinismno”, y les trae a la memoria las estatizaciones llevadas a cabo durante los gobiernos de Néstor Kirchner (2003-2007) y de Cristina Fernández (2007-2015), como la de Aerolíneas Argentinas.

Casa rosada

Por ahora, la expropiación está detenida, ya que a petición del gobernador de Santa Fe intervino la justicia. Sin embargo, sea cual sea el destino de Vicentín, este caso refleja “las dos almas” que tiene el gobierno, y asesta un golpe al liderazgo del mandatario ya que deja la duda de quién está tomando realmente las decisiones en la Casa Rosada.

“La decisión fue mía, no de Cristina”, señaló el presidente. Pero al decir esto, revela que la autoría de cada resolución importante estará en tela de juicio.

Cristina habla poco, pero cuando lo hace le genera problemas al mandatario. Lo hizo, por ejemplo, al hablar de los “presos políticos”, como llama el kirchnerismo a varios ex altos cargos en prisión por casos de corrupción.

Fernández evita esa calificación y prefiere hablar de “prisiones arbitrarias”. Una sutileza, pero que refleja el intento del mandatario de marcar distancia con Cristina. Como cuando hace referencia a los “años felices” de Néstor Kirchner, opacando así los años de gobierno de la “Señora K”.

La pregunta se mantiene vigente. ¿Qué rumbo tomará Alberto Fernández una vez que “comience” su presidencia? El episodio Vicentín se parece más a una reedición del estatismo “cristinista” que a lo que prometía Fernández. Si esto será solo una mancha en el proyecto del mandatario o el camino que definitivamente tomará, solo se despejará cuando el coronavirus y la renegociación de la deuda sean una cosa del pasado.

 

 
Gonzalo Vega Sfrasani
Periodista, Universidad Finis Terrae.
Subeditor de Opinión e Internet de El Mercurio.
Profesor de Chile Contemporáneo: Instituciones Políticas, en la carrera de Periodismo de la Universidad Finis Terrae.
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