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17 Agosto 2019

Las "tierras raras": ¿el nuevo campo de batalla entre China y EE.UU.?

Las
Alberto Rojas M.
Boletín Observatorio Internacional
No. 41 / Agosto 2019 
Facultad de Humanidades y Comunicaciones
Universidad Finis Terrae
 
Prometio, holmio, lutecio, iterbio... Es probable que estos nombres –y otros similares- puedan resultar extraños y hasta desconocidos para una buena parte de la población mundial. Sin embargo, lo cierto es que están presentes en nuestro día a día, al punto que se han vuelto imprescindibles para el funcionamiento de la sociedad contemporánea.

Estamos hablando de las llamadas “tierras raras”; un conjunto de minerales que comparten similitudes químicas –aunque pueden tener comportamientos ópticos y electromagnéticos muy diferentes- y cuya importancia ha ido creciendo de la mano del imparable desarrollo tecnológico de las últimas décadas.

Eso explica por qué actualmente juegan un papel crucial en el funcionamiento de, por ejemplo, celulares, computadores, tablets y microondas, pero también de fibras ópticas, turbinas eólicas, autos eléctricos, proyectiles y satélites.

Incluso, las “tierras raras” se usan como catalizadores en los procesos que permiten refinar petróleo crudo para convertirlo en bencina y combustible para aviones.

Técnicamente son quince lantánidos de la tabla periódica de elementos, más el escandio y el itrio. Y si bien no son tan “raros” en términos de escasez –a diferencia del oro o el platino- , por lo general se encuentran entremezclados con otros minerales, lo que hace compleja y costosa su extracción.

Además, su procesamiento “puede conllevar riesgos medioambientales y para la salud: en los yacimientos pueden estar mezclados incluso con elementos radiactivos, como el torio. Y en el proceso de separación se generan abundantes residuos tóxicos que pueden contaminar el aire, agua y suelo de los alrededores”, reveló un artículo de El País de España, en junio.

Pero a pesar de ello, este podría ser –precisamente- el próximo “campo de batalla” entre Estados Unidos y China.

Metal en la mano

Los verdaderos dueños

El pasado 21 de mayo, el presidente chino, Xi Jinping, hizo noticia al visitar una planta de procesamiento de “tierras raras” en Ganzhou. Una actividad que no habría tenido mayor relevancia, si no fuera porque se dio en el contexto de la “guerra comercial” que Washington y Beijing libran desde marzo de 2018, cuando el presidente Donald Trump  anunció un inesperado aumento de aranceles de 25% y 10% a las importaciones de acero y aluminio provenientes de China, respectivamente.

Es que para muchos, las imágenes del mandatario chino recorriendo aquellas instalaciones, realmente fueron un mensaje claro y directo para la Casa Blanca. ¿La razón?

Actualmente, la República Popular China es el país con las mayores reservas de “tierras raras” del mundo, con un total de 44 millones de toneladas, según un informe de este año del United States Geological Survey. Le siguen Brasil y Vietnam, con 22 millones de toneladas cada uno; Rusia, con 12 millones; y un poco más lejos India, con 6,9; y Australia, con 3,4 millones.

¿Y cuáles son las reservas de “tierras raras” de Estados Unidos? Apenas 1,4 millones de toneladas.

Eso significa que la mayor potencia económica y militar del mundo debe importar enormes cantidades de estos preciados minerales para mantener activa su producción tecnológica. Y su principal proveedor de “tierras raras” es China, que representa el 80 por ciento de las importaciones.

Además, EE.UU. incluso envía un importante porcentaje de su producción de estos minerales a refinar a China.

Hasta el momento, Trump ha atacado a cientos de productos chinos con sus alzas de aranceles, pero ha tenido el cuidado de mantener lejos de este conflicto a las “tierras raras”. Un producto tan estratégico como imprescindible para una potencia como EE.UU. y que el presiente Xi le recordó a su homólogo estadounidense de manera clara con aquella visita de mayo pasado.

¿Un arsenal en jaque?

La idea de utilizar las “tierras raras” como un elemento de presión no es un escenario lejano o inédito. De hecho, en 2010, China tomó la decisión de limitar la exportación de estos minerales a Japón, cuando ambos países se encontraban enfrentados por la disputa de las islas Senkaku, como las conoce Tokio, y que Beijing reclama con el nombre de Diaoyu.

“La sola amenaza de que China ‘cierre el grifo’ de materiales industriales críticos pone de relieve una vulnerabilidad que preocupa cada vez más a los analistas y responsables políticos en Washington, Beijing y otras capitales. Las cadenas de suministro globalizadas ofrecen flexibilidad y menores costos para los consumidores de una amplia gama de productos. Al mismo tiempo, la posición central del dólar estadounidense y el sistema financiero estadounidense han simplificado el comercio e impulsado el crecimiento. Pero en momentos de tensión geopolítica, esas mismas eficiencias pueden convertirse repentinamente en vulnerabilidades mortales, para todos los países”, aseguran Keith Johnson y Elias Groll, periodistas especializados en este tema en un reportaje para Foreign Policy.

Tabla periodica

La idea de que Estados Unidos sea tan dependiente de las importaciones de “tierras raras” provenientes de China es algo que, ciertamente, preocupa tanto a la cúpula militar de este país como al gobierno de Donald Trump.

En ese sentido, otro artículo de Foreign Policy plantea que “cada arma avanzada en el arsenal de EE.UU., desde los misiles Tomahawk hasta el avión de combate F-35, los destructores y cruceros equipados con (el avanzado sistema de radar) Aegis y todo lo demás, depende absolutamente de componentes fabricados con elementos de tierras raras, incluidos elementos críticos como imanes permanentes y aleaciones especializadas que se hacen casi exclusivamente en China. Quizás lo más preocupante es que el suministro a largo plazo de bombas inteligentes y municiones guiadas estadounidenses que tendrían que reponerse rápidamente en caso de un conflicto de EE. UU. En Siria, Irán o en otros lugares, dependen esencialmente del consentimiento de China en su producción continua”.

Y el panorama a futuro no se ve mejor, ya que la nueva generación de “armas inteligentes”, como proyectiles hipersónicos o armas de energía dirigida, serán aún más dependientes de estos materiales.

En otras palabras, las “tierras raras” son los elementos clave en el desarrollo de los actuales y futuros dispositivos de alta tecnología, tanto en el ámbito civil como militar. Por lo mismo, producto de su indiscutible y altísimo valor estratégico para gobiernos y compañías privadas, sin lugar a dudas representan “el nuevo oro” o “el nuevo petróleo” de este siglo.

 

Alberto Rojas Moscoso
Director del Observatorio de Asuntos Internacionales
Facultad de Comunicaciones y Humanidades Universidad Finis Terrae.
Periodista, Universidad Diego Portales.
Magíster en Ciencia Política, mención Relaciones Internacionales, Pontificia
Universidad Católica.