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12 Octubre 2019

Los contornos de APEC

Los contornos de APEC
Eduardo Olivares C.
Boletín Observatorio Internacional
No. 43 / Octubre 2019 
Facultad de Humanidades y Comunicaciones
Universidad Finis Terrae
 

 Todo país, chico o grande, busca convertirse en vitrina. Que se le vea, que se le admire, que se le aprecie. Los gobiernos trabajan para que sus electores se den cuenta de esos esfuerzos cuando, por cierto, el resultado sea positivo.

Hay al menos dos tipos de situaciones que permiten concretar ese objetivo: los eventos no planificados y aquellos que sí son planificados.

Un ejemplo no planificado fue el rescate de los 33 mineros de la Mina San José de Copiapó, que le permitió al presidente Sebastián Piñera lucirse ante sus colegas de todo el mundo y capitalizar popularidad interna.

Un ejemplo planificado corresponde, por lo tanto, a la serie de “cumbres” donde un país se convierte en anfitrión. Habitualmente deslucidas, esas cumbres pueden transformarse en ventajas cuando se consiguen declaraciones que se transforman en hitos. Un caso: la Declaración de Santiago de 1952 entre Chile, Perú y Ecuador, que sería señera en la legislación internacional sobre los derechos del mar.

 Mapa mundial economico

A veces, estos encuentros planificados, que suelen ser seguidos por especialistas y se escapan tal vez del interés masivo, atraen a medio mundo por acuerdos al margen y, cómo no, también por conflictos: le sucedió a la ex presidenta Michelle Bachelet durante su primer gobierno, cuando fue la anfitriona de la Cumbre Iberoamericana 2007, conocida por el “¡Por qué no te callas!” que le espetó el rey Juan Carlos de España al entonces presidente de Venezuela, Hugo Chávez.

De todos estos encuentros, aquellos que más provocan interés a los gobiernos apuntan a reunir en su territorio a líderes. Podrán ser de un puñado de países sudamericanos (Unasur, Prosur), continentales (cumbres de las Américas) o iberoamericanos. Pero no existe ninguna otra organización que más entusiasmo genere que APEC. Después de todo, es la única que permite el encuentro intercontinental de tantos y tan importantes líderes.

 

Ahora sí: qué es APEC

 

No es como la ONU. Tampoco como el FMI ni como Mercosur. Es, como en rigor su propia sigla lo indica, una coordinación: Cooperación Económica del Asia Pacífico. Solemos anteponer “foro” para darle un contexto a la “cooperación”. Se trata, visto así, de un espacio de conversación.

APEC es uno de los frutos de la Posguerra Fría. Estados Unidos se veía a sí mismo como el campeón del conflicto ideológico con el capitalismo como vencedor, y como parte de ese mundo unipolar, buscó liderar el giro de la historia (“un nuevo orden mundial”) hacia la zona que ya se avizoraba entonces como el futuro: el Pacífico.

Los primeros encuentros informales ocurrieron en Australia en 1989. Partió con 12 países que compartían una filosofía similar: Australia, Brunéi Darussalam, Canadá, Corea del Sur, Estados Unidos Filipinas, Indonesia, Japón, Malasia, Nueva Zelandia, Singapur y Tailandia.

Dos años después, los intereses chinos buscaron aliarse. Y vaya cómo lo hicieron: claro, ahí entraba la República Popular China. Pero había otros dos actores chinos también: por un lado, Taiwán, llamado a sí mismo oficialmente República de China y considerado (por sí mismo) como el representante oficial de esa nación. Por otro lado, los británicos consideraron que Hong Kong, ese territorio que por entonces aún era una colonia dependiente de Londres, calificaba para su ingreso al grupo.

Estados Unidos, que utilizaba su timón indiscutido, tuvo en ese momento el poder del que hoy, en condiciones parecidas, carecería: meter en el mismo saco a los tres representantes chinos.

APEC nen

De ese entramado surge una de las peculiaridades de la terminología de APEC: no hablamos de “países”, sino de “economías”, pues Beijing —y, en rigor, la comunidad global agrupada en Naciones Unidas— no reconoce la soberanía de Taipei. De hecho, Beijing considera a Taiwán como una “provincia rebelde”.

Hong Kong entra en la misma categoría: entonces colonia británica, hoy es la atribulada Región Administrativa Especial de la República Popular China. Por el mismo motivo, tampoco en APEC se habla de “presidentes” o “primeros ministros”, pese a que claramente los tiene; no, hay que hablar de “líderes” para no herir la sensibilidad de Beijing.

En 1993 se unieron México y Papúa Guinea. Chile ingresó al club en 1994, durante la presidencia de Eduardo Frei Ruiz-Tagle, un entusiasta promotor de estas iniciativas. Y recién cuatro años más tarde llegarían los últimos miembros: Perú, Rusia y Vietnam.

Así se completa el cuadro de las 21 economías de APEC, donde -por ahora- no parece haber ánimo para sumar más integrantes (Colombia e India, por ejemplo, han solicitado unirse).

 

Chile en APEC

 

Cada vez que se habla de este foro, surgen los mismos indicadores. El primero, cuánto suman las economías que lo integran: el 60% del Producto Interno Bruto (PIB) global. El segundo, cuánto representan del comercio mundial: 45%. Y el tercero, a cuánta población cubre: casi 2.900 millones de personas, equivalente al 38% del planeta.

Es decir, el foro tiene su relevancia comercial.

Chile lo ha aprovechado siempre desde ese punto de vista. La mayoría de los acuerdos comerciales suscritos por Chile tuvieron su génesis o sus gestiones más exitosas precisamente en el transcurso de los eventos relacionados con APEC. Por ejemplo, el TPP11 tuvo sus orígenes en el ya lejano P4, que impulsaron desde APEC Chile, Nueva Zelandia, Singapur y Brunéi.

Hay, además, grupos de APEC paralelos que sirven para hacer negocios. El más conocido es el llamado ABAC, que corresponde al capítulo empresarial del foro. Además, la visa APEC Business Travel Card permite a los ciudadanos de estas economías viajar con ese documento para realizar visitas de negocios.

 

La cumbre en Chile

 

APEC transcurre durante todo un año. Cada “economía” se va rotando la organización anual del foro, cuyo evento más importante sucede en noviembre. A esa cita en particular se le denomina “Cumbre de Líderes de APEC” y se transforma en esa vitrina tan deseada por todos los gobernantes anfitriones.

Escucharemos hablar de los SOM (Senior Official Meeting), que debería traducirse como reunión de altos representantes; de Metas de Bogor, que corresponde a desafíos de liberalización comercial que debían cumplirse en plazos diferenciados para economías en desarrollo y desarrolladas; y de múltiples impulsos para abrir fronteras y rebajar las barreras arancelarias y paraarancelarias.

Chile ya fue el anfitrión de APEC en 2004, con Ricardo Lagos como presidente y el eslogan “Una comunidad, nuestro futuro”. Se repite ahora en 2019 con Piñera y un nuevo eslogan: “Construyendo el futuro”. Tal como hace 15 años, la convocatoria apunta en grande.

En 2004, en Chile se reunieron George W. Bush (Estados Unidos), Hu Jintao (China), Vladimir Putin (Rusia) y Junichiru Koizumi (Japón), entre otros.

Ahora, en 2019, el único que podría repetirse es Vladimir Putin, quien ya confirmó su asistencia. También ha dicho que vendrá el presidente de China, Xi Jinping. Los focos se los llevará el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien aún no confirma su visita, aunque resulta plausible creer que el mandatario norteamericano sí llegará, dado que quedaría ausente de una cita demasiado relevante de la política mundial.

Por lo demás, la cumbre en Chile -el 16 y 17 de noviembre- podría transformarse en el escenario óptimo un acuerdo entre Estados Unidos y China que termine la guerra comercial.

Inteligentemente, los organizadores chilenos han puesto en la tabla de debate temas que no generarán, al menos, el rechazo de Washington: sociedad digital, integración 4.0; mujeres, pymes y crecimiento inclusivo, y crecimiento sustentable. Después de todo, Donald Trump no firmará declaraciones que puedan interpretarse distintas del “patriotismo-no-globalista” que pronunció a fines de septiembre ante la Asamblea General de Naciones Unidas. Y todos en APEC esperan llegar a la esperada declaración final de la cumbre.

 

 
Eduardo Olivares Concha.
Periodista, Pontificia Universidad Católica de Chile.
Magíster en Estudios Internacionales y del Pacífico, Universidad de California,
San Diego.
Doctor en Ciencia Política, Universidad de Manchester.
Profesor de Economía Chilena en la carrera de Periodismo de la Universidad
Finis Terrae.
Ha trabajado en el Diario Financiero, La Tercera y El Mercurio.
Actualmente es editor general de Pauta.
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