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09 Julio 2019

México: la larga “luna de miel” de AMLO

México: la larga “luna de miel” de AMLO
Gonzalo Vega S.
Boletín Observatorio Internacional
No. 40 / Julio 2019 
Facultad de Humanidades y Comunicaciones
Universidad Finis Terrae
 

“Puede ordenar recortes al gasto público que dejan sin medicinas a niños y ancianos en hospitales del gobierno. Puede endeudar al contribuyente para pagar un aeropuerto cancelado sin justificación. Puede decirnos un día que no hay desabastecimiento de gasolina, para después explicarnos sonriente que nos mintió, que en realidad estuvimos a unos días de que el país entero se quedara sin combustible. Y a pesar de todo, el presidente López Obrador tiene una aprobación enorme, de alrededor del 70%. ¿Por qué AMLO puede hacer y decir lo que le da la gana sin preocuparse por perder aprobación popular?”. Esta pregunta que se plantea Luis Antonio Pino, columnista de la prestigiosa revista Letras libres, es –precisamente- la que se hacen muchos mexicanos.

La teoría de Pino es que el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador –conocido de manera informal como AMLO-, llegó al poder bajo un discurso “antiestablishment” y con el mandato popular de “demoler” el sistema político, y ante la magnitud del desafío, los ciudadanos estarían dispuestos a ser tolerantes con sus errores.

El mandatario enfoca su discurso en los sectores más excluidos de la sociedad y ha impulsado una serie de proyectos para beneficiar a los sectores más vulnerables, como duplicar la pensión de los jubilados.

Con mayoría en ambas cámaras del Congreso y con una oposición dividida, López Obrador tiene un margen de acción bastante amplio para lograr el prometido cambio. Sin embargo, un análisis más desapasionado de lo que han sido sus primeros meses de gobierno, permite distinguir qué tan cerca está de cumplir su promesa.

Narcotráfico e inmigración

En sus días de campaña, López Obrador se comprometió a cambiar la estrategia de lucha contra el narcotráfico, y para ello aseguró que retiraría de las calles a los militares, sobre quienes pesan acusaciones de violaciones a los derechos humanos, y quienes desde 2006 encabezan la lucha contra los carteles.

Sin embargo, cambió de opinión y creó la Guardia Nacional: una recién desplegada fuerza de seguridad compuesta por personal militar y la policía federal. Son 70 mil agentes, pero la idea es que lleguen a 150 mil. Y aunque estará bajo control civil, este enfoque parece más un cambio de nombre que de estrategia.

Mientras, las tasas de homicidios alcanzan sus máximos niveles en más de dos décadas: en el primer trimestre, 8.493 personas fueron asesinadas, la cifra más alta desde 1997. Y AMLO debe poner atención a estas cifras, ya que la inseguridad sí puede afectar su popularidad.

Otro tema fundamental y recurrente durante su campaña electoral, fue el combate a la corrupción. Entre otras medidas, López Obrador se comprometió a terminar con los contratos públicos que son asignados directamente, sin licitación de por medio. Sin embargo, según la organización Mexicanos contra la corrupción y la impunidad, en los primeros tres meses de gobierno, el Ejecutivo adjudicó más del 70% de los contratos sin licitaciones de por medio.     Por otro lado, López Obrador comenzó su mandato con un discurso acogedor hacia los migrantes centroamericanos, a quienes les ofreció una visa humanitaria de un año de duración. Pero luego de que este documento fuese solicitado por 13 mil personas –en solo semanas-, la iniciativa fue cancelada y el gobierno -presionado por la administración de Donald Trump- adoptó una línea cada vez más dura contra la migración indocumentada.

No hay que olvidar que Estados Unidos es el principal socio comercial de México y, entonces, para evitar una pelea con Washington, estuvo dispuesto a ceder en políticas tan sensibles para la administración republicana como la migración.

En junio, la Casa Blanca le impuso a México un plazo de 45 días para reducir el flujo migratorio que atraviesa México con el fin de llegar a Estados Unidos. ¿Y si no ocurre? Se le impondrán fuertes aranceles a las exportaciones mexicanas. AMLO respondió y desplegó miles de agentes de seguridad en las fronteras norte y sur del país, lo que ha logrado que la  amenaza del aumento de aranceles se esté alejando.

Pero ese no es el único flanco abierto de la economía mexicana.

Economía e hidrocarburos

Cuando en octubre pasado AMLO, ya electo, anunció la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, varios analistas y empresarios advirtieron que esa decisión ahuyentaría inversiones extranjeras. Lo mismo ocurrió cuando canceló licitaciones para explotar yacimientos de hidrocarburos. Pero pese a los malos augurios, en el primer trimestre del año, la inversión extranjera directa fue superior a los US$ 10.000 millones (7% más que el mismo período de 2018), y el peso se ha mantenido estable.

A pesar de eso, las preocupaciones apuntan hacia el crecimiento económico. López Obrador prometió niveles de crecimiento superiores al 4%, sin embargo, el Fondo Monetario Internacional (FMI) recortó la proyección del PIB de 2 a 1,6% para este año, y algunos economistas aseguran que no se crecerá más que un 0,5%.

Por ahora no se ven políticas reactivadoras, y se vislumbran retrocesos en importantes sectores como la educación. Así, para asegurarse el respaldo de los sindicatos de profesores más radicales, abolió una reforma que incluía la evaluación de los maestros, algunos de los cuales se están reincorporando a las aulas, pese a haber reprobado sus exámenes.

Paralelamente, una práctica desconocida en Chile, pero que en México es una de las principales preocupaciones de las autoridades, es la del “huachicoleo”. En palabras simples, robo de combustible. 

A fines del año pasado, la empresa estatal Petróleos Mexicanos (Pemex) perdía un promedio de 15.000 barriles de gasolina al día por robo. En un año, esta práctica implicaba pérdidas anuales por alrededor de US$ 3 mil millones para las arcas fiscales. Por tanto, en diciembre, el gobierno decidió cerrar las válvulas de algunos ductos de Pemex para evitar el robo de hidrocarburos y desplegó tropas para vigilar los ductos y las refinerías. ¿El resultado? El robo disminuyó a dos mil barriles diarios, lo que implica una importante reducción en las pérdidas.

Ausencia internacional

Para López Obrador, parece que “la mejor política exterior es la interior”. México es una de las economías más grandes del planeta y una potencia regional. Pese a este estatus, su presidente no ha salido del país desde hace dos años. Prueba de eso es que no fue a la cumbre G20, a fines de junio, ni a la cumbre de la Alianza del Pacífico, en julio, mientras que su antecesor, Enrique Peña Nieto, en sus primeros 100 días de gobierno ya había realizado tres viajes al exterior.

Esta prescindencia tampoco se ha hecho muy visible en la crisis que vive Venezuela, frente a la que ha mantenido una posición casi neutral: no ha apoyado frontalmente al gobierno de Nicolás Maduro, pero tampoco lo ha desconocido. Su foco exterior ha estado puesto en Estados Unidos, evitando chocar con Donald Trump.

Los próximos meses dirán si AMLO seguirá siendo un presidente con cifras récord de aceptación. Lo que por ahora parece alejarse, es el fantasma de que se convertiría en un radical de izquierda, aunque la posibilidad de que se transforme en un populista, se mantiene vigente. Habrá que esperar.

 

Gonzalo Vega Sfrasani
Periodista, Universidad Finis Terrae.
Subeditor de Opinión e Internet de El Mercurio.
Profesor de Chile Contemporáneo: Instituciones Políticas, en la carrera de Periodismo de la Universidad Finis Terrae.
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