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11 Septiembre 2019

Mensajería secreta y desinformación en la política de WhatsApp

Mensajería secreta y desinformación en la política de WhatsApp
Marcelo Luis B. Santos
Boletín Observatorio Internacional
No. 42 / Septiembre 2019 
Facultad de Humanidades y Comunicaciones
Universidad Finis Terrae
 
 

Es difícil evaluar qué tan consciente, estratégico o táctico es Donald Trump en sus bombásticas declaraciones, o cuánto se debe a su personalidad de “bully”, pero su empuje hacia la desconfianza en los medios de comunicación, categorizando todo lo que no le es favorable como “fake news”, ha sentado un precedente importante en el ámbito de la comunicación política en el continente.

Esto porque el estilo, al parecer, contagia. Es que el polémico presidente brasileño, Jair Bolsonaro, sin filtros de cualquier especie, en poco más de seis meses de gobierno ya ha dudado de imágenes satelitales del Instituto de Pesquisa Espacial de Brasil (INPE) diciendo que ONGs extranjeras con intereses ocultos exageran los datos de deforestación -poco antes de la tragedia de los incendios en la Amazonia- y ha desestimado a uno de los más importantes centros monitoreo de opinión del país, llamando al DataFolha como “DataFake”.

Twitter Trump Movil

Adicionalmente, en medio a la guerra con los medios, maltrató a los periodistas que cubrieron el cambio de mando, dejándolos con acceso limitado a baño y agua por aproximadamente siete horas (lo que obligó a cuatro periodistas extranjeros a dejar la cobertura), y también amenazó al destacado periodista ganador del Pulitzer Glenn Greenwald, quien ha publicado numerosos escándalos involucrando al presidente del Supremo Tribunal Federal, Sergio Moro.

El mismo Moro que ejercía de juez cuando sentenció a la cárcel -de forma ampliamente cuestionada por juristas nacionales e internacionales- al ex presidente Lula, quien lideraba con gran ventaja las encuestas de intención de voto en las últimas elecciones.

Este tipo de retórica se suma a una tendencia a la baja de la confianza general de los chilenos hacia las diferentes instituciones, desde la Iglesia hasta Carabineros. Según la encuesta Latinobarómetro 2018, tan solo el 38% tiene mucha o algo de confianza en los medios en Chile.

Si los medios de comunicación masiva ya estaban en crisis -tanto económica como de confianza-, autoridades descalificándolos le han hecho un flaco favor a la democracia. La estrategia parece ser la de atraer la audiencia hacia canales privados de comunicación, los cuales están controlados por los equipos de prensa de los políticos. Así se explica que el primer discurso de Bolsonaro haya sido por su canal de Facebook Live, que anuncios relevantes como cambios de gabinete o pronunciamientos oficiales sean hechos por Twitter y así sucesivamente.

Si bien al adoptar dicha estrategia los gobernantes esquivan cualquier tipo de censura, autocensura, “gatekeeping” (selección) o encuadres tendenciosos o ideologizados por parte de los medios, también se blindan de posibles análisis en profundidad, debates y críticas, labores características del buen periodismo “perro guardián”.

 

WhatsApp y política en América Latina

 

A este contexto se suma a otra tendencia en curso para el caso de América Latina, región donde las operadoras de telecomunicaciones hicieron una farra con las altas tarifas de celulares. Así como otras aplicaciones, WhatsApp adoptó la estrategia de “tarifa-cero”, en la que tras un acuerdo comercial entre operadora y aplicación, no se cobra el tráfico de datos al usar dicha aplicación. Si bien, por lo general, la propaganda vende como “gratis”, en realidad es un acuerdo comercial entre la aplicación y las operadoras de telefonía celular.

Considerando que las llamadas y los mensajes de texto vía celular (SMS) han sido históricamente costosos para los ciudadanos de nuestra región, esta operación -cuestionable bajo el concepto de neutralidad de red- ha convertido WhatsApp en una opción hegemónica en el continente y una aplicación fundamental para la vida social mediada.

Además, dos funcionalidades relativamente recientes son clave para entender el impacto político de este escenario: primero, la creación de “grupos públicos y cerrados” que permiten la difusión masiva de mensajes y la viralización de contenidos por redes policéntricas, eficientes y poco costosas; y la “encriptación extremo a extremo”, que permite eximirse de responsabilidades jurídicas con los estados y que se ha vuelto una herramienta estratégica para la “guerra sucia” en la política, como detallaré a continuación.

WhatsApp es, bajo ciertos parámetros, una red social, pues conecta a las personas. Pero tiene una especificidad importante: es opaca. Este término técnico significa que las conversaciones son invisibles ante los ojos de la sociedad en general, tanto por el carácter de plataforma de comunicación interpersonal (no pública) como por la encriptación que impide incluso a los servicios de inteligencia del gobierno acceder a dichas conversaciones, lo cual difiere de otras plataformas sociales.

Si bien en Facebook se puede restringir la audiencia del mensaje (cosa que pocos hacen) y hay ciertos grados de privacidad, prima la alta visibilidad de los contenidos, además de la ferocidad con que los algoritmos viralizan cualquier contenido polémico.

Facebook Analytica

Twitter tiene casi el 100% de sus usuarios con cuentas públicas (Bruns, 2018), es decir, cualquiera puede ver lo que se está publicando en la plataforma. Pero WhatsApp es diferente: las conversaciones son en gran parte grupos privados o diálogos entre dos usuarios, invisibles bajo cualquier criterio al escudriño público o de los medios, como lo hacen las agencias de “fact checking” frente a las declaraciones públicas.

Se crean, por lo tanto, condiciones ideales para prácticas orquestadas de desinformación como estrategia de marketing político de guerrilla, con bajo costo, usando la topología de la red, es decir, la estructura de grupos interconectados entre sí con otros grupos afines, para difundir contenido virulento, escondiéndose detrás del anonimato de dicha red (Santos et al., 2019).

 

De Cambridge Analytica a JAK2022

 

Uno de los casos más polémicos en el contexto de las campañas políticas en redes sociales digitales es el de la empresa Cambridge Analytica, que estuvo involucrada, entre otros, en la campaña de Trump y del “LeaveEU”, favorable a la salida de Reino Unido de la Unión Europea (el llamado Brexit).

Sus prácticas consistían en una unión entre microdireccionamiento (súper-segmentación de mensajes) y perfilamento psicográfico (mensajes que apelan a gatillos según perfiles emocionales de los usuarios), circulada en Facebook (Risso, 2018).

Además de las implicaciones éticas que de por sí pueden tener dichas prácticas, el perfilamiento psicográfico solo fue posible gracias a la obtención ilícita de datos detallados de más de 80 millones de desavisados usuarios de la plataforma (Cadwalladr, 2017; 2018).

Al ser cuestionado sobre si tendría evidencias de que la campaña del Brexit había ganado gracias al trabajo de su ex empresa, Chris Wylie, el principal delator en dicho caso, hizo una interesante analogía: “Si alguien usa dopaje y llega primero, puede que hubiera ganado sin doparse, pero se le quita la medalla porque engañó”.

Si bien no hay acuerdo sobre los efectos de dicha práctica (Santos, en prensa), es decir, si el corredor hubiese ganado si no hubiera estado dopado, la práctica en sí configura un problema social de alta relevancia. Y en Chile debemos estar atentos, porque con el crecimiento de José Antonio Kast en las encuestas, la crisis de los medios de comunicación y de otras instituciones (en particular vinculadas a la política), y la polarización política (visible en temas como inmigración e igualdad de género), la desinformación como estrategia y WhatsApp como canal, son una realidad esencialmente antidemocrática que no es difícil de vislumbrar para las próximas contiendas electorales.

 
Marcelo Luis B. Santos
PhD en Ciencias de la Comunicación UC-Chile
Magíster en Comunicación y Semiótica PUC-SP (Brasil)
Investigador y Docente CIDOC - FHYC - Universidad Finis Terrae
Consultor en Tecnologías Digitales y Democracia para Gobierno y Tercer Sector
ORCID:https://orcid.org/0000-0002-2658-3764
Twitter: @celoo
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Bibliografía

Bruns, A. (2018). Gatewatching and news curation: Journalism, social media, and the public sphere. Peter Lang.

Cadwalladr, C. (2017, 7 de Mayo) The great British Brexit robbery: how our democracy was hijacked. The Observer, recuperado de https://www.theguardian.com/technology/2017/may/07/ the-great-british-brexit-robbery-hijacked-democracy.

Cadwalladr, C. (2018, 18 de Marzo). Revealed: 50 million Facebook profiles harvested for Cambridge Analytica in major data breach. The Guardian. Recuperado de https://www.theguardian.com/news/2018/mar/17/cambridge-analytica-facebook-influence-us-election.

Risso, L. (2018) Harvesting your Soul? Cambridge Analytica and Brexit. En Christa Jansohn (Ed). The Selected Proceedings of the Symposium Brexit Means Brexit? Akademie der Wissenschaften und der Literatur, Mainz, 6–8 Diciembre 2017.

Santos, J. G. B., Freitas, M., Aldé, A., Santos, K., & Cunha, V. C. C. (2019) WhatsApp, política mobile e desinformação: a hidra nas eleições presidenciais de 2018. Comunicação & Sociedade, 41(2), 307-334.

Santos, M. L. B. (en prensa) Plataformização da Comunicação Política: Revolução Tecnológica ou Histeria Digital? En Santos, Marcelo (Ed.) Processos Algorítmicos & Comunicação: bases conceituais e pesquisa aplicada. São Paulo: Editora Casper Líbero.

Santos, M., & Faure, A. (2018). Affordance is Power: Contradictions Between Communicational and Technical Dimensions of WhatsApp’s End-to-End Encryption. Social Media+ Society, 4(3), 2056305118795876.