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14 Diciembre 2019

Sudamérica: expectativas a la baja y confianza en entredicho

Sudamérica: expectativas a la baja y confianza en entredicho
Paul Venturino D.
Boletín Observatorio Internacional
No. 45 / Diciembre 2019 
Facultad de Humanidades y Comunicaciones
Universidad Finis Terrae
 
 

Miles de personas protestando frente al Congreso en Bogotá, carpas frente a los tribunales de justicia de Santiago, marchas frente a la Casa Rosada y al Palacio Quemado. Una imagen que parecía olvidada, de otros tiempos, se repite en Sudamérica en países que habían logrado estabilidad y crecimiento por un tiempo prolongado.

Ante un grito común de que el sistema debe modificarse radicalmente, de que los políticos no los representan y de que el neoliberalismo ha destruido los países, diferentes grupos sociales claman con diversos grados de violencia por una modificación radical de los sistemas económicos y productivos.

La elite política y económica se enfrenta sorprendida ante este movimiento, ya que, si bien sabe que los países aún no alcanzan el desarrollo, es un hecho que las condiciones económicas y sociales del continente -con excepciones como Venezuela- son objetivamente muy superiores.

Pero también se enfrenta incrédula ante el cuestionamiento social transversal a elementos que consideraba que se habían establecido como certezas: el mejor sistema es el capitalismo, aunque con correcciones; las instituciones son respetadas y las personas están conformes con su situación, porque ha mejorado en los últimos 20 años.

 

La violencia como medio de comunicación

 

Uno de los elementos que más ha llamado la atención de esta sucesión de estallidos sociales es la incapacidad de los gobiernos y de las elites de gestionarlos adecuadamente, conduciéndolos a través de las instituciones. Si bien las crisis han tenido diferentes causas desencadenantes (alzas en los precios de transporte y combustible, inflación desbocada, corrupción, eventual fraude electoral, caída de las condiciones de vida), la causa de fondo es la indignación social respecto de sus instituciones y de cómo ellas se han desempeñado en las últimas dos décadas.

Protestas en Colombia

Más allá de la discusión de si los estallidos eran previsibles o no, es un hecho que diversos estudios venían mostrando un alza del enojo y una caída de la confianza respecto de las instituciones. Por ejemplo, ya en 2013 el estudio Latinobarómetro mostraba que en países como Argentina, Chile y Colombia, las personas consideraban por una abrumadora mayoría de 70% que los poderosos gobernaban en su propio beneficio.

En la medida que las elites -gobiernos, sistemas políticos y judiciales, instituciones y empresas- consideraron que este enojo era un problema de desconocimiento de los beneficios del sistema y no de legitimidad social, plantearon explicaciones técnicas que no satisficieron las demandas de grupos sociales organizados.

Son estos mismos grupos los que fueron exitosos en posicionar demandas sociales que progresivamente se establecieron como demandas directas al Estado. Ejemplos claros son pensiones, salud y educación, las que en pocos años pasaron de ser aspiraciones sociales a demandas exigibles directamente.

 

Expectativas a la baja: ¿una nueva legitimidad?

 

Junto a esta progresiva molestia e indignación, se produjo un proceso en el que se ha ido asentando entre los ciudadanos un sentimiento de postergación, por el que sienten que la democracia -como sistema- no ha sido adecuada para resolver sus problemas.

Si consideramos el mismo Latinobarómetro, pero esta vez de 2015, en países como Argentina, Colombia y Chile, al preguntarse el nivel de satisfacción con la democracia, más del 50% de los ciudadanos consideraron que no estaban muy satisfechos y nada satisfechos.

Protestas en Bolivia

Al no confiar en los canales que las instituciones consideran los correctos, la estrategia es justamente utilizar espacios diferentes: protestas sociales y espacios no controlados por esas mismas instituciones, incluyendo la violencia como medio de comunicación y relacionamiento.

Y si bien es probable que los estallidos sociales tiendan a calmarse o a disminuir sus niveles de enfrentamiento, la caída en la valoración de la democracia está generando que los gobiernos y diferentes instituciones deban enfrentar menores grados de legitimidad, como regla permanente. Esto implica que no solo hay una mayor dificultad para tomar decisiones, ya que la conducción de conflictos o cambios también se hace más compleja.

En este sentido, las instituciones deben trabajar nuevas formas de administrar la inseguridad que ya sienten los ciudadanos, a través de medidas con mayor impacto social y con capacidad de ser percibidas como “justas” por segmentos más amplios de la población.

 
Paul Venturino D.
Periodista Universidad Católica de Chile.
Magíster en Ciencia Política, mención Instituciones y procesos políticos, Pontificia Universidad Católica de Chile.
Magíster en comunicación audiovisual y publicidad, Universidad Autónoma de Barcelona, España.
Profesor de pre y posgrado Escuela de Periodismo Universidad Finis Terrae.
Profesor magister de Comunicación Estratégica, Facultad de Comunicaciones, Universidad Católica de Chile.
Socio y director ejecutivo de Strategika
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