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25 Enero 2021

¿Quo vadis, Juan Guaidó?

juan guaido

Paul Venturino D.
Boletín Observatorio Internacional
No. 52 / Enero-febrero 2021
Facultad de Humanidades y Comunicaciones
Universidad Finis Terrae

El 25 de enero de 2019, Juan Guaidó se proclamó presidente encargado de Venezuela, logrando el entusiasta apoyo de la oposición venezolana, de varios países agrupados en el Grupo de Lima y de una importante cantidad de naciones desarrolladas, encabezadas por Estados Unidos.

Dos años después, poco queda de este grupo. Guaidó ya no es el presidente de la Asamblea y, por lo tanto -aunque sigue reivindicando su función-, no tiene poder, al tiempo que el apoyo internacional le es esquivo y hoy está más centrado en el rechazo al régimen de Maduro que en el entusiasmo por el opositor.

Pero ¿qué pasó en este período que Guaidó -y la coalición que lo apoyaba- pasó de ser una fuente de esperanza para la democratización y estabilización de Venezuela a uno más de los líderes opositores que no pudieron hacer mella en el régimen? La respuesta tiene varios elementos, tanto de contexto, como de las debilidades propias del personaje.

 

Discurso fuerte, pero poco peso político

Uno de los elementos clave en la permanencia del régimen chavista es que la oposición venezolana no ha podido unificarse. Ya sea por la sucesión de líderes o por la fragmentación de los movimientos, le ha costado ser un espacio real de alternativa al gobierno, que dé la esperanza no solo de superación de Maduro, sino de proveer una alternativa deseable que pueda motivar a los venezolanos por sobre la política de seguridad y clientelismo del actual gobierno.

Así, cuando Guaidó se proclamó como presidente encargado, aprovechando un resquicio legal y apelando a la baja legitimidad de los comicios en que Maduro resultó reelegido, fue visto como una alternativa que podía aglutinar a la oposición en las calles y dentro de la Asamblea Nacional, generando un bloque que pudiera complicar el trabajo del régimen venezolano, y generar decisiones alternativas que minaran su poder y atrajeran a las personas e instituciones.

Si bien partió generando hitos políticos que complicaron al régimen y recibieron apoyo entusiasta de diferentes países y organizaciones, el fracaso simbólico y efectivo de estos hechos en debilitar a Maduro implicaron pérdida de entusiasmo y cuestionamiento a su capacidad.

Ello se vio acentuado por el hecho de que Guaidó jugó todas sus cartas a una caída rápida del régimen, sin tener otras vías alternativas de negociación o presión más que seguir planteando que “el poder legítimo” estaba en la Asamblea y no en el gobierno. Al no tenerlo, en las nuevas elecciones de fines de 2020 -a las que no asistió por considerarlas, nuevamente, ilegítimas- perdió la posibilidad de ser un contrapeso.

Esta falta de resultados hizo también que otros líderes de la oposición, como Henrique Capriles, volvieran a la palestra disputando el liderazgo y criticando la estrategia de Guaidó de plantear que “su Asamblea” tendrá continuidad administrativa, por lo que no ha perdido su posición de mandatario encargado (https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-46994029).

 

venezuela

Decepción de los aliados y pocas ganancias efectivas

Como muestra la decisión de Capriles, uno de los problemas más evidentes de Guaidó ha sido su incapacidad para lograr apoyos relevantes a su persona y su estrategia, catalizando la presión de los diferentes países e instituciones en fuerza política y social para presionar a Nicolás Maduro con el objetivo de sentarse a negociar.

Si bien los países del Grupo de Lima -como Chile o Colombia- apoyaron con gran entusiasmo a Guaidó, arriesgándose, por ejemplo, a asistir a un concierto fronterizo que supuestamente significaría el comienzo del fin de Maduro, los sucesivos fracasos terminaron por alejarlos, aunque mantuvieran un discurso de apoyo.

El problema de Guaidó con los países que lo apoyaron es que no solo no logró ser una alternativa viable, sino que les generó más costos que beneficios al aparecer vinculados a acciones violentas inconducentes y que no lograban resultados políticos ni de imagen. Y si bien, a inicios de 2021, el Grupo de Lima ha planteado que no reconoce a la nueva Asamblea de Venezuela y que sigue respaldando a Guaidó, no ha ido más allá de la declaración oficial.

nicolas maduro

Un régimen que es capaz de seguir dominando

Es así como el régimen venezolano, a febrero de 2021, ya suma casi 22 años en el poder. Y si bien es cierto que se ha desgastado producto de los errores y problemas económicos y sociales, también es cierto que al mismo tiempo ha construido una base fuerte a través de una combinación de clientelismo, violencia y prácticas antidemocráticas, como elecciones poco transparentes, control de los medios y represión de las fuerzas opositoras.

Al contrario de lo planteado por Guaidó hace dos años en su propuesta, la evolución social y los graves problemas no han minado el dominio de Maduro y el oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Ello ha implicado que el actual presidente y quienes lo apoyan no estén dispuestos a negociar salidas alternativas, porque no ven incentivos para ello ni para generar algún tipo de negociación que permita redistribución del poder.

Es en esta línea, que probablemente, Guaidó deberá abrirse a la creación de una coalición mayor en la que comparta el poder -incluso que no lo tenga a él como cabeza- y cree una especie de consejo de líderes que incluya a personeros como Capriles, y que permita efectivamente aunar a las fuerzas, de forma que generen una presión definitiva sobre Nicolás Maduro. Tiempo tiene cada vez menos, porque su credibilidad va a la baja y sus apoyos internacionales ya están desilusionados.


Paul Venturino D.
Periodista Universidad Católica de Chile.
Magíster en Ciencia Política, mención Instituciones y procesos políticos, Pontificia Universidad Católica de Chile.
Magíster en comunicación audiovisual y publicidad, Universidad Autónoma de Barcelona, España.
Profesor de pre y posgrado Escuela de Periodismo Universidad Finis Terrae.
Profesor magister de Comunicación Estratégica, Facultad de Comunicaciones, Universidad Católica de Chile.
Socio y director ejecutivo de Strategika.