Page 16 - Boletin Observatorio Internacional
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Aunque lo que sea que termine ocurriendo con Trump es definitivamente el factor más importante en la incertidumbre de este año, también hay cuestiones internas que son relevantes en los destinos de algunos de los países asiáticos más grandes.
Me concentraré aquí en tres casos: China, Japón y Corea del Sur. De ninguna manera estos son vaticinios, sino meras proyecciones basadas en la información disponible hasta ahora. Nuevas informaciones siempre podrán cambiar las percepciones y, por lo tanto, los escenarios conocidos hasta aquí.
China: la apuesta estratégica
Que si será el año del despegue total. Si cumplirá con su rol de poder hegemónico. Que si podrá en forma sostenida superar a Estados Unidos. Esos tres desafíos (y varios más) suelen ser espetados al hablar, cada año, sobre China. Y claro, 2017 pareciera más tentador de responder que sí a cada una: la economía luce sana, Trump no se muestra interesado en poner el dinero para financiar la hegemonía norteamericana en el Asia Pacífico, y las inversiones chinas en todas los sectores económicos y regiones del mundo tocan techos a diario.
Aquí, sin embargo, me concentraré en aquello que difícilmente ocurrirá en tres áreas: democracia, política e internacional.
En China no habrá una revolución
democrática. Pese a los movimientos pro
democráticos del territorio de Hong Kong,
las crecientes protestas contra la corrupción
de altos miembros del Partido Comunista
y los ensayos de elecciones populares en
pueblos apartados de las metrópolis, el
gobierno chino tiene pocos motivos para
impulsar cambios a su régimen autoritario.
La población, por ahora, parece estar más
concentrada en que las instituciones que
ya existen funcionen y permitan un buen
Xi Jinping no disminuirá su poder. Por el contrario, su control sobre las estructuras partidistas —en especial el politburó y el comité permanente— sigue en aumento. En la medida que el tiempo lo consolida en el poder, también lo hace su influencia, tal como ocurrió con sus antecesores Hu Jintao y Jiang Zemin.
El gran hito partidista que favorecerá a Xi es la celebración del 19o Congreso Nacional del Partido Comunista de China, que se efectuará en el otoño del hemisferio norte. Aunque se trata de encuentros con alcances programáticos, el gran efecto es organizacional, pues se renuevan puestos en las principales estructuras del partido. Habrá cambios en el Comité Central, de unos 200 miembros, el cual se transforma en el gran “selectorado” para escoger a los integrantes del Politburó y del Comité Permanente. Y dada la política de ir eligiendo a líderes de nuevas generaciones, ahora corresponde el turno de aquellos nacidos especialmente entre 1955 y 1965. Xi nació en 1953, suficiente para “roncar” con su antigüedad.
Tampoco se vislumbra el inicio de una China líder, o al menos no en Asia. Incluso en el supuesto de que Estados Unidos reduzca su presencia estratégica en los mares del Pacífico, la reciente arremetida naval china causa un rechazo que actúa como mínimo denominador para todos sus vecinos. Ni los gobiernos de Japón, Corea del Sur, Vietnam, Filipinas o Indonesia, por nombrar solo algunos, están en condiciones —ni mucho menos en disposición— de aceptar que China se transforme en la fuerza hegemónica del barrio.
Tampoco podrían, por lo mismo, balancearse sin contrapeso al ritmo de la política económica de Beijing. Por más que se especule con que ahora China tiene la oportunidad de ocupar la silla vacía dejada
16 | Observatorio Internacional No13 | Facultad de Comunicaciones y Humanidades | Universidad Finis Terrae
rendimiento de la economía.
por Estados Unidos en el Acuerdo de


































































































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