Page 17 - Boletin Observatorio Internacional Universidad Finis Terrae
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Desde la perspectiva de Netanyahu, él ha sido el ganador, pues la administración Obama terminó y fue reemplazada por una que, por lo menos hasta ahora, muestra una postura pro israelí en el discurso. Recordemos en este punto la “promesa” de Trump de reubicar la embajada norteamericana de Tel Aviv a Jerusalén, lo que implicaría el reconocimiento de Jerusalén como capital israelí y que tendría un poderoso impacto simbólico negativo no solo en el liderazgo y la sociedad palestinos, sino a lo largo y ancho del mundo islámico. Jerusalén encierra un profundo simbolismo religioso, histórico y diplomático que debe ser analizado en detalle en cualquier proceso de paz entre israelíes y palestinos, pero por más que este sea un tema que atrae mucha atención mediática, y que tanto Netanyahu como Trump se enfoquen en esto, la realidad es que hay temas más acuciantes que deben ser considerados.
El primero es la situación humanitaria en Gaza, que requiere que se encuentre una fórmula que por un lado garantice la seguridad de Israel y por otro obligue al gobierno israelí a mejorar significativamente la vida cotidiana de los palestinos en la franja, así como ser partícipe en la reconstrucción de infraestructuras civiles que comiencen a dar esperanza de un futuro mejor a los civiles gazíes.
Segundo, que Trump y su administración entiendan que la colonización israelí en Cisjordania no solo hace inviable un Estado palestino a futuro, sino que daña la realidad democrática, económica e internacional de Israel, lo que profundiza tanto el aislamiento internacional del Estado judío como favorece liderazgos radicales e intolerables como los de Netanyahu, Lieberman o Bennet.
En las últimas semanas, Trump ha hablado tanto con Mahmud Abbas como con
menos legitimo a los ojos de una población palestina que ve cómo es incapaz de lograr ningún acuerdo efectivo, le prometió su compromiso con la creación de un Estado palestino viable; y al segundo, le recordó que para conseguir la paz se deben hacer concesiones importantes, pero sin ser explícito. Y claro, primero es necesario saber lo que él entiende por “concesiones importantes”.
Desgraciadamente, las palabras de Trump no parecen tener respaldo en sus acciones, pues la nominación de David Friedman — un abogado cercano a la derecha radical israelí, opuesto a la solución de dos Estados y partidario de la colonización israelí de los territorios palestinos— como embajador estadounidense en Israel, demuestra que en la administración de Trump las palabras y discursos están totalmente divorciados de los hechos y políticas concretos.
Parece que para los conflictos en Medio Oriente, incluido el palestino- israelí, tendremos una administración norteamericana que prefiere los discursos y promesas al involucramiento directo — lo que tiene un costo político importante—, a diferencia del caso de Obama, que se tradujo en pocos resultados y mucho desgaste, tanto interno como internacional.
Quizá este sea el tiempo de las sociedades civiles israelíes y palestinas, el momento en que dejen de esperar que sus líderes y la “comunidad internacional” resuelvan el asunto, y quizá sea el tiempo en que nosotros —los no involucrados directamente en el conflicto— dejemos de voltear anhelantes a las conferencias internacionales y reuniones de alto nivel que dicen buscar una solución. Y que, por el contrario, observemos, apoyemos y empoderemos a las múltiples iniciativas civiles, tanto palestinas como israelíes, que buscan día a día hacer lo correcto y justo
Observatorio Internacional No14| Facultad de Comunicaciones y Humanidades | Universidad Finis Terrae | 17 Netanyahu; al primero, un líder cada vez para sus pueblos.


































































































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