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11 Diciembre 2015

EE.UU. y el control de armas

El ataque a un centro para discapacitados en San Bernardino (California), a comienzos de este mes, nuevamente puso en alerta máxima a las autoridades estadounidenses.

EE.UU. y el control de armas
La investigación estableció que el tiroteo en el que murieron 14 personas y otras 21 resultaron heridas fue perpetrado por Syed Farook, un estadounidense converso al islam y Tashfeen Malik, una joven paquistaní que había vivido 20 años en Arabia Saudita antes de viajar a EE.UU. para casarse con Farook. Ambos murieron cuando se enfrentaron a la policía, mientras intentaban escapar.
Las autoridades encontraron en su casa unas 5.000 balas y 12 bombas de fabricación casera. Un pequeño arsenal que les podría haber permitido concretar un número indeterminado de nuevos ataques.
Más allá de que antes del atentado ella hubiese jurado lealtad al Estado Islámico (EI) en un mensaje en Facebook o que ambos ya intercambiaran comentarios radicales online a fines de 2013, lo cierto es que el caso deja en evidencia una peligrosa combinación de factores.
Primero, que el FBI reconociera que ambos ya eran considerados como sospechosos (potenciales autores de actos de violencia) antes del ataque en San Bernardino, y segundo, que a pesar de eso, igual tuvieran la posibilidad de comprar las armas y municiones que usaron en el atentado.
En general, EE.UU. se ha caracterizado por la facilidad con que los ciudadanos pueden adquirir armas de fuego —incluso de uso militar—, ya sea en tiendas o incluso por internet. En ese contexto, el Presidente Barack Obama ha sido un fuerte impulsor de mayores controles en su compra y posesión. Sin embargo, los sectores políticos que en esto ven una amenaza a sus libertades e intereses, han impedido avanzar más lejos en este tema.
El punto es que la combinación de terroristas y fácil acceso a armas de fuego representa una clara amenaza a la seguridad de los ciudadanos en cualquier país. Es cierto, siempre existe la posibilidad de adquirir armas de manera ilegal, como ocurrió en el atentado del 13 de noviembre en París. Sin embargo, eso tampoco significa facilitar su acceso.
Es probable que dentro de Estados Unidos existan más “lobos solitarios” que en algún momento intenten concretar nuevos ataques. Identificarlos y frustrar sus planes, evidentemente, es responsabilidad de la policía y de agencias federales como el FBI. Pero poner más trabas a su acceso a armas o incluso explosivos, también es un flanco que resulta imprescindible abordar.
En ese sentido, la decisión adoptada este jueves por el gobernador de Connecticut, Dannel P. Malloy —al anunciar la firma de una orden ejecutiva que prohibirá la venta de armas a cualquier persona que esté en un listado federal de sospechosos de terrorismo—, va en la dirección correcta.

 

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