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21 Enero 2022

Biden: Un año después, en busca de mantener la esperanza

 biden en podio

Paul Venturino D.
Boletín Observatorio Internacional
No. 56 / Enero-febrero 2022
Facultad de Humanidades y Comunicaciones
Universidad Finis Terrae

Derrotar a Donald Trump, y a su discurso de violencia y discriminación, le otorgó a Joe Biden una épica importante representando valores universales como la tolerancia, la democracia, la valorización del otro o la protección del medio ambiente. En definitiva, de esperanza no solo para un país líder, sino para el resto del mundo.
A pesar de su avanzada edad -lo que hace que algunos cuestionen su real capacidad de liderar el futuro-, Biden logró reunir apoyos para hacer de la esperanza un objetivo concreto para los votantes a través de un simple concepto: volver. Volver a ser un país unido, volver a ser parte del mundo multilateral, volver a creer en un futuro en el que los derechos de las minorías importan, volver a los acuerdos contra el cambio climático.


Bipartidismo y economía recuperados


Si se considera cómo abordó la política interna, Biden logró una efectiva estabilización institucional, luego del complejo ambiente creado por Trump en las elecciones (con acusaciones de fraude incluidas) y en el que sus partidarios atacaron el Capitolio, sede del Congreso norteamericano. En este sentido, el nuevo mandatario ordenó a su partido y estableció un ambiente de tranquilidad que hizo que el Partido Republicano también optara por dejar la “retórica trumpista” y se abriera a colaborar en puntos relevantes.

biden firmando


A pesar de que probablemente la opinión pública y las instituciones continúan con tendencia a la polarización, Biden logró que ambos partidos retornaran a la lógica de la negociación, distanciándose del partisanismo impuesto por Trump. Ello permitió que el Congreso, por ejemplo, se abriera a un acuerdo en la Ley de Infraestructura, iniciativa clave que implica la inversión de 1,2 billones de dólares, incluyendo US$110 mil millones para reparación de carreteras, US$120 mil millones para transportes y US$65 mil millones para despliegue de redes de internet. En la promulgación de la norma, el mismo presidente planteó: “a pesar de los cínicos, demócratas y republicanos pueden unirse y obtener resultados. Esta ley bipartidista modernizará la infraestructura”.
Un segundo eje fue la idea de “vacunas y economía” como dos elementos inseparables. Yendo en contra de su antecesor, Biden ha promovido la vacunación -al inicio exitosamente, luego con resultados más discretos- como una forma de que el país mantenga e incremente los niveles de consumo y trabajo, que son claves para una economía de servicios como la estadounidense.
En ese mismo eje, y aprovechando temas como la ley de infraestructura, el gobierno de Biden ha trabajado por estimular la economía para promover el crecimiento y, de esa forma, tener espacio para otras reformas (como la impositiva, para aumentar impuestos corporativos y a los más ricos).
En este frente, aunque el crecimiento ha sido muy bueno -se espera que esté en rangos de entre 5% y 6% para 2022-, también ha traído noticias complejas como la inflación, que superó el 7,1%, una cifra inédita para el país, que requerirá una mayor intervención de la Reserva Federal y retiro de estímulos procrecimiento.


Frente internacional: buena partida, problemas en el camino


En este punto Biden ha tenido un camino mucho más pedregoso. Si bien comenzó con ímpetu deshaciendo parte importante de las que fueron medidas emblemáticas de su sucesor, retomando el multilateralismo y reingresando a los tratados globales en defensa del medio ambiente, pasado el primer impacto ha cometido errores relevantes y perdido liderazgo frente a sus pares.
Su peor derrota de imagen ha sido la desastrosa retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán. Si bien la salida fue parte de un trato con los talibanes -un trato es mejor que una derrota-, el proceso sumió al país en un caos y reforzó la pregunta de qué sentido tuvo estar dos décadas allá sin haber podido reconstruir su institucionalidad, perdiendo más de 2.500 soldados.

biden en reunion


Junto a Afganistán, Biden no ha logrado reposicionarse como un líder a la cabeza de lo que Estados Unidos llama el “Mundo Libre”, pero que el resto del hemisferio conoce como la OTAN u otras instituciones multilaterales. A pesar de que EE.UU. se ha planteado en posiciones duras en temas como Ucrania, Medio Oriente o China, no ha podido contrarrestar el posicionamiento público de sus opositores como el presidente de Rusia, Vladimir Putin, o de China, Xi Jin Ping, ni tampoco retomar la cooperación con los líderes de Alemania, Francia o Reino Unido, aliados tradicionales de Estados Unidos.
Otro frente internacional que también le ha traído problemas relevantes de imagen pública y de relaciones con sus vecinos, es la inmigración ilegal. Si bien logró bajar la retórica violentista de Trump, no ha podido solucionar el problema de las oleadas -a la que se agregó la de ciudadanos haitianos- ni desarrollar un plan efectivo de control y ordenamiento. Este frente internacional también afectó a Kamala Harris, su popular vicepresidenta, quien no pudo liderar el problema migratorio y optó por un bajo perfil, como forma de protegerse de las críticas.


¿Qué ha pasado con esa esperanza un año después?


Biden mantiene una buena aprobación, que está unos puntos bajo el 50%, lo que da cuenta de que es un presidente tradicional, con una aprobación promedio. Si bien tiene puntos bajos como las relaciones internacionales o la lucha contra el covid, tiene una mayor aprobación en temas como la economía y los derechos civiles.
La reaparición de Trump buscando reconquistar el Partido Republicano puede traer una oportunidad a Biden de destacar sus logros y también de recuperar la idea de un país unido ante un Trump disruptivo, pero también le obligará a enfatizar nuevamente lo que su gobierno ha traído para las personas, especialmente para el segmento más vulnerable que se beneficia del alza en el empleo y de los subsidios y transferencias monetarias.
Pero esta vez la esperanza debe moldearse no solo para creer en un mundo mejor, sino para comenzar a fortalecer la posición de su partido para las elecciones legislativas (midterm, porque se realizan a la mitad del mandato presidencial) de 2022. Para ello, es clave que logre ordenar las expectativas de los congresistas y alinearlos para que ellos lo respalden en sus grandes cruzadas, tanto internas como de política exterior.
Son el Partido Demócrata y sus parlamentarios quienes tienen la llave para que el discurso de Biden continúe asentándose y llegando a medidas concretas, pero si el presidente no muestra un liderazgo claro, perderá su valioso apoyo. Y eso, de una manera u otra, se proyectará en la siguiente elección presidencial, en 2024.

Paul Venturino D.
Periodista Universidad Católica de Chile.
Magíster en Ciencia Política, mención Instituciones y procesos políticos, Pontificia Universidad Católica de Chile.
Magíster en comunicación audiovisual y publicidad, Universidad Autónoma de Barcelona, España.
Profesor de pre y posgrado Escuela de Periodismo Universidad Finis Terrae.
Profesor magister de Comunicación Estratégica, Facultad de Comunicaciones, Universidad Católica de Chile.
Socio y director ejecutivo de Strategika.